Un mundo sin Alfredo Bryce Echenique

Un mundo sin Alfredo Bryce Echenique

Con la muerte de Alfredo Bryce Echenique a los 87 años, las letras hispanas despiden a un autor que logró convertir la melancolía en una forma de alegría y el fracaso en una de las bellas artes. Considerado por muchos como el “último gran representante del Boom”, Bryce se alejó del realismo mágico para fundar su propio territorio: el del sentimiento, la oralidad y la ironía.

 

Nacido en Lima el 19 de febrero de 1939, en el seno de una familia de la alta burguesía (era tataranieto del presidente José Rufino Echenique), Bryce creció en un entorno de privilegios que más tarde diseccionaría. Tras estudiar Derecho y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, se marchó a Europa en 1964, iniciando un largo periplo por Francia, Italia, Grecia y, finalmente, España.

 

En 1970 publicó su obra maestra, Un mundo para Julius, una novela que no sólo desnudó las hipocresías de la élite limeña a través de los ojos de un niño solitario, sino que se convirtió en un hito de la literatura en español.

Entre sus títulos más destacados figuran:

  • La vida exagerada de Martín Romaña (1981), el gran retrato del intelectual latinoamericano en el mayo del 68 francés.
  • No me esperen en abril (1995), un regreso nostálgico a la adolescencia y al primer amor.
  • Reo de nocturnidad (1997), ganadora del Premio Nacional de Narrativa de España.
  • El huerto de mi amada (2002), obra con la que obtuvo el Premio Planeta.

 

Su carrera no estuvo exenta de turbulencias, especialmente por las polémicas acusaciones de plagio en artículos periodísticos que marcaron sus últimos años. Sin embargo, su relevancia literaria fue blindada por reconocimientos como el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2012) y el afecto de generaciones de lectores que se vieron reflejados en su vulnerabilidad.

Alfredo Bryce Echenique se retira hoy de la escena, pero nos deja sus permisos (Permiso para vivir, Permiso para sentir) y esa risa que, incluso en los momentos más tristes, siempre lograba colarse entre las páginas de sus libros.+