Un libro para no esquivar el miedo: Sara Bertrand y Afuera, los fantasmas
Durante mucho tiempo, los libros dirigidos a la infancia han sido pensados como espacios de protección excesiva, donde las emociones difíciles se diluyen o se esconden. Afuera, los fantasmas, el álbum ilustrado de la autora chilena Sara Bertrand junto a la ilustradora mexicana Amanda Mijangos, publicado por Editorial Océano, se aparta de esa lógica. El libro se adentra en el miedo y la pérdida con una mirada cuidadosa, que no infantiliza ni dramatiza, y que reconoce en niñas y niños a lectores capaces de sostener preguntas complejas.
El encuentro entre Bertrand y Mijangos dio lugar a un diálogo creativo sostenido, marcado por afinidades estéticas y una idea común sobre la literatura infantil como un territorio de exploración emocional. Más que una división estricta de tareas, el libro se construyó a partir de intercambios constantes, donde texto e imagen avanzan en paralelo, se contradicen a veces y se enriquecen mutuamente. La ilustración no funciona como acompañamiento decorativo, sino como una voz propia dentro del relato.
El punto de partida del proyecto está vinculado a una experiencia personal de Bertrand relacionada con los temores nocturnos en la infancia. Ese miedo que aparece cuando se apagan las luces y el mundo cotidiano pierde sus contornos habituales se convierte aquí en materia narrativa. Lejos de explicarlo o disiparlo, el libro se permite habitarlo, observarlo y darle forma, entendiendo el miedo como parte del proceso de crecer.
La creación de Afuera, los fantasmas coincidió con un periodo atravesado por la incertidumbre y el encierro, un contexto que inevitablemente influyó en las conversaciones que sostuvieron ambas autoras. Sin traducir esa experiencia en un tono sombrío, Mijangos opta por una paleta luminosa, donde el color y la textura abren un contrapunto visual que sostiene la tensión del relato sin volverlo opresivo. La luz aparece así no como negación del miedo, sino como una forma de acompañarlo.
El libro no propone soluciones ni moralejas. No busca tranquilizar al lector con respuestas rápidas, sino abrir un espacio de reconocimiento. Nombrar lo que asusta no lo hace desaparecer, pero permite mirarlo de otro modo. En ese gesto, Afuera, los fantasmas se inscribe como una obra que entiende la literatura infantil no como un refugio de lo real, sino como un lugar desde donde pensarlo con honestidad y sensibilidad.
