Luisa Reyes-Retana y la imaginación de la muerte
Por Herles Velasco
Desde el inicio, la conversación con Luisa Reyes-Retana respira cercanía y claridad. La autora —ganadora del Premio Mauricio Achar por su primera novela, Arde Josefina— nos habla de Mortis causa (Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial unam, 2025), un proyecto que, aunque dialoga con lectoras y lectores jóvenes, se mueve con soltura en preguntas que atañen a cualquiera.
La puerta de entrada al libro es un epígrafe: un poema inédito de María Negroni. Reyes-Retana recuerda que lo encontró durante una residencia en Berlín, donde coincidió con la poeta argentina. El poema, aún no publicado, parecía escrito para la atmósfera de Mortis causa. Tras pedirle permiso para incluirlo, Negroni aceptó sin reservas. “Tenía el nivel de abstracción exacto que la novela pedía —explica—. Apareció después de terminar el manuscrito, como si hubiera estado aguardando su lugar”.
Un mundo sin coordenadas
La novela transcurre en un territorio indefinido que no permite ubicarlo en un país real. La decisión es deliberada. “Si la ponía en México —explica— la muerte arrastra un lenguaje propio: violencia, inseguridad, referencias que condicionan la lectura. Quería hacer preguntas sin que la realidad inmediata determinara sus respuestas”. Pero reconoce que su mirada es latinoamericana: “Es la que tengo; no puedo desprenderme de ella”.
Ciencia, cuerpos y una máquina
Mortis causa sigue a cuatro estudiantes de medicina forense. Su profesor, el doctor Morozov, les encarga elegir los cuerpos “más espectaculares” para una demostración pública. Los cadáveres disponibles son personas no reclamadas. Cuerpos descartados por el mundo, pero útiles para la enseñanza.
Los estudiantes, sin embargo, tienen otros planes. Han construido en secreto una consola experimental basada en una teoría de entrelazamiento cuántico. Lo que inicia como una proeza tecnológica se convierte en un golpe de conciencia: la muerte de otro irrumpe en ellos con toda su crudeza, modificando sus certezas y poniendo a prueba su ética.
“La vida casi nunca se parece a los planes —dice Reyes-Retana—. Y ahí empiezan las preguntas verdaderas: qué hacemos con la tecnología, qué le exigimos, qué estamos dispuestos a transgredir”.
Ciencia, arte y el regreso del misterio
En la novela conviven elementos científicos y una suerte de misticismo orgánico: hongos, cuerpos en descomposición. Para la autora, ciencia y arte se encuentran precisamente en esa pregunta compartida: ¿qué pasaría si…?
“Me interesa la inventiva —explica—. Ese momento en que juntas A con B y todo explota. La inteligencia artificial también está ahí: sus potenciales diagnósticos, sus peligros. Cuando abres esa puerta, quizá te arrepientes. Ése es el territorio donde viven estos personajes”.
Morozov, por otro lado, es el hombre que empieza con curiosidad genuina y termina seducido por el prestigio. “Lo veo en figuras reales: maestros, familiares, ministros. Creemos tener control y, cuando creemos entenderlo todo, comenzamos a equivocarnos. Morozov cae en tentaciones que él mismo no imaginó para sí”.
La muerte como continuidad
En un punto de la entrevista surge la pregunta: ¿la muerte es un final absoluto?
Reyes-Retana responde desde lo orgánico, no desde lo metafísico.
“Quizá la conciencia muere, pero el cuerpo es un ecosistema lleno de organismos. En un cuerpo que se pudre hay vida. Mucha vida. Somos materia orgánica que continúa transformándose. Ojalá no me incineren —dice entre risas—; quiero seguir”.
Ética y violencia
Una de las capas más potentes de la novela es la reflexión sobre los cadáveres marginados. La autora recuerda el horror de los tráileres con cuerpos abandonados en Guadalajara: una imagen que la persiguió durante años.
“Algunos cuerpos reciben homenajes; otros se vuelven desechos médicos […]. No miramos las circunstancias en las que vivieron. Eso me obsesionó”.
La amistad como ancla
A pesar del trasfondo científico y ético, para la autora el corazón de la novela reside en la amistad. Los cuatro estudiantes atraviesan tensiones, culpas, conflictos y decisiones que podrían fracturarlos, siendo la lealtad una fuerza que los sostiene.
“Las historias contenidas por la amistad siempre valen la pena —dice—. Quería que incluso en medio de la tecnología, la muerte y la ambición, hubiera un espacio donde los personajes se salvaran unos a otros”.
Por qué leer Mortis causa
Antes de despedirse, la autora resume lo que espera de sus lectores: “Quiero hablar con los jóvenes. Saber qué piensan. Viven en un mundo saturado de información y quizá la literatura permita refrescar la empatía”.+
Herles Velasco. Autor de los libros de poemas y de artista Llegar a ser vacío y Guía incompleta de la insuficiencia, publicados por la editorial Piso Tres. Ha colaborado en diferentes revistas y medios de México y España. Coordina el área de comunicación social en Fundación unam y fundó la Escuela de Escritores de México. Su más reciente libro de poesía es Eventos Luminosos Transitorios (2024). Conductor del programa Jueves de Ciencia, en tv unam.
