Select Page

Nona Fernández, la memoria, el encierro y la imaginación

Por Alejandra Gotóo

La historia no se termina cuando los titulares se apagan. Sigue moviéndose, subterránea, en las mentes que no olvidan. Nona Fernández lo sabe y lo escribe. En Marciano (Random House, 2025), regresa a esa zona de cruce entre lo íntimo y lo político, donde la ficción se erige como instrumento privilegiado para acceder a lo que la historia oficial, rígida y parcial, no alcanza a abarcar.

El libro surge de cuatro años de conversaciones con Mauricio Hernández Norambuena, exmiembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, conocido como comandante Ramiro: figura clave en la resistencia armada contra la dictadura de Pinochet, involucrado en el atentado de 1986, fugas espectaculares y largas condenas en Chile y Brasil. Sin embargo, Fernández rechaza etiquetarlo como testimonio, crónica o biografía. “Es un material literario”, afirma. Esa distinción es decisiva. El archivo histórico tiende a ser estático, cerrado, opaco; la ficción, en cambio, abre grietas, permite al lector transitar por la experiencia, habitar sus silencios, ambigüedades y contradicciones.

Para la autora, recurrir a la ficción no equivale a falsificar la realidad, sino a hacerla respirable y cercana. “La literatura me permite volver estos materiales más ligeros, más abiertos”, explica. Así, Marciano no impone una verdad monolítica: crea un campo donde múltiples versiones coexisten en tensión productiva.

Uno de los núcleos más intensos del libro es el confinamiento. Fernández no aborda a Mauricio desde la épica revolucionaria ni desde el juicio moral, sino desde la textura concreta del encierro: qué le sucede a la mente cuando el tiempo se desordena, cuando recuerdos, fantasías y presente colisionan en un mismo plano. “Es como habitar una burbuja”, dice. En esa esfera aislada, los muertos permanecen vivos y la imaginación se transforma en resistencia sutil pero tenaz.

La autora confiesa su sorpresa al descubrir las referencias literarias de Mauricio: lecturas que desbarataron los prejuicios que ella misma cargaba. Desmontar esas certezas fue parte esencial del proceso creativo. La novela extiende esa invitación al lector: mirar más allá de las narrativas preconcebidas, cuestionar las imágenes fijas.

La música, por su parte, actúa como potente detonador de memoria. En una escena clave, Mauricio escucha una canción desde su celda tras años de silencio auditivo. Por un instante, duda si es real o sueño. Esa melodía estaba atada a un amor pasado. Para Fernández, el episodio revela una verdad profunda: aun en el aislamiento más absoluto, la memoria afectiva resiste.

Marciano es también el relato de una mirada en metamorfosis. Conviven en sus páginas la escritora adulta y la niña que creció bajo la dictadura chilena. “Me alimento de esa niña”, reconoce Fernández. La escritura se convierte en puente entre pasado personal y colectivo, en espacio donde ambas voces dialogan sin borrarse mutuamente.

El proceso no estuvo exento de fricciones: desacuerdos, silencios, preguntas sin cierre. Lejos de eludirlas, la autora las incorporó como materia viva del libro. La conversación, incluso en el disentimiento, se revela como vía de comprensión genuina: no para resolver la historia, sino para habitarla con mayor densidad.

En última instancia, Marciano no pretende explicar ni justificar. Despoja al personaje del pedestal mítico y lo devuelve a su humanidad vulnerable, atravesada por el tiempo, el miedo, el amor y la imaginación.+

¿Por qué leer Marciano?

Porque explora con audacia los límites entre memoria, historia y ficción. Porque demuestra cómo la literatura humaniza lo que el archivo aleja y enfría. Y porque nos convoca a mirar sin certezas los rincones más intrincados de nuestra historia reciente latinoamericana.

Semblanza de Nona Fernández

Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971) es escritora, actriz y guionista. Su obra indaga en la memoria histórica, con foco en las cicatrices de la dictadura chilena en la esfera íntima.

Autora de títulos como Mapocho, Space Invaders, La dimensión desconocida y Voyager, ha sido traducida a varios idiomas y galardonada con premios como el Sor Juana Inés de la Cruz. Su literatura no fija el pasado: lo mantiene en ebullición, recordándonos que la memoria es, siempre, una forma activa de imaginación.