Memoria, humor y feminidad en Duerme, cicatriz
Por Francisco Goñi
En la nueva novela de Nora de la Cruz, el tiempo de la cirugía y el de la memoria avanzan al mismo pulso.
Hablar del cuerpo nunca es sencillo, sobre todo cuando ese cuerpo es femenino, vulnerable y observado. En Duerme, cicatriz (Tusquets, 2025), la escritora mexicana Nora de la Cruz parte de una experiencia quirúrgica para construir una novela que explora la memoria corporal, la adolescencia, la familia y las expectativas que moldean la feminidad. En esta conversación, la autora reflexiona sobre su proceso de escritura, las decisiones formales del libro y el uso del humor como una herramienta narrativa y política.
La estructura de la novela se sostiene en dos tiempos que avanzan en paralelo. Por un lado, el presente de una cirugía contado casi como una crónica: llegar al hospital, registrarse, esperar. Por el otro, una memoria que va y viene entre la adolescencia y la adultez, a veces dentro de una misma página. “Confié mucho en que el lector me iba a seguir”, explica De la Cruz. “Porque así funciona la memoria: no es lineal ni ordenada”.
El libro fue pensado durante cuatro años. Antes de escribir, la autora se dedicó a reunir estímulos: lecturas, películas, música. “Leí textos que sentía cercanos, vi Lady Bird, Frances Ha, escuché discos. Estaba buscando cómo recordar con el cuerpo”. Ese ejercicio la llevó a recuperar experiencias que hoy pueden resultar incómodas o vergonzosas, pero que funcionan como detonadores inmediatos del recuerdo. “El cringe te regresa de golpe a quien eras”, dice.
La música ocupa un lugar central, en particular Nirvana. No como nostalgia, sino como marca generacional. “Fue un momento de descubrimiento en muchos niveles”, señala. Kurt Cobain aparece como una figura enigmática, un “héroe triste” que condensó preguntas colectivas. Canciones como “All Apologies”, repetidas una y otra vez en la televisión, quedaron grabadas en la memoria y se integran a la novela como textura emocional.
Cuando la autora tuvo claro qué quería contar, llegó el momento de ordenar. “Trabajo con mapas”, explica. “El tiempo que avanza es el de la cirugía, ése es el presente. A partir de ahí, pequeñas señales del cuerpo —un olor, un sonido, una molestia— me llevan al pasado”. Para De la Cruz, el cuerpo es una herramienta narrativa fundamental porque es también el lugar donde se aloja la memoria.
Uno de los elementos más comentados del libro es su humor. Un humor preciso, a veces negro, que convive con temas duros sin restarles gravedad. “Quería decir que el molde de la feminidad es una trampa: si sales, te rechaza; si encajas, entras en una servidumbre que no termina”. Pero no quería escribir una tragedia. “Si lo hacía, singularizaba la experiencia. El humor la vuelve compartida”.
La autora entiende la risa como una forma de entendimiento. “Si te ríes, estás entendiendo lo que te digo”. Además, el humor apareció como algo natural en su escritura, confirmado por la lectura de sus libros anteriores. “Los lectores me señalaron dos constantes: el cuerpo y los sentidos, y el humor. Ahí entendí que ésa era una forma de narrar que les llegaba”.
Hubo momentos difíciles durante el proceso, sobre todo por una cuestión ética. “No quería herir a nadie ni trivializar experiencias reales”. En esos bloqueos, encontró apoyo inesperado en la comedia. “Ver especiales de Ali Wong me ayudó mucho. Me recordó que se puede decir todo si sabes cómo”.
La oralidad que atraviesa Duerme, cicatriz tampoco es casual. “Está muy buscada”, confiesa. “Quería que se sintiera como una conversación”. El resultado es una novela ágil, corporal y cercana.+
¿Por qué puede interesarte Duerme, cicatriz?
Porque no es sólo una novela sobre una experiencia médica, sino sobre la memoria, el cuerpo y las exigencias que pesan sobre las mujeres. Combina reflexión política, humor y sensibilidad sin perder claridad ni ritmo.
Nora de la Cruz es escritora mexicana. Su obra explora el cuerpo, la memoria y la experiencia femenina desde una perspectiva crítica. Duerme, cicatriz consolida una voz narrativa propia dentro de la literatura mexicana contemporánea.
Francisco Goñi (@franz.goni) es librero y periodista cultural. Apela por la libertad y voluntad sobre todas las cosas. Ama los libros, el café y los gatos.
