“Gente que conocemos en vacaciones”: el romance que conquistó a los lectores llega a la pantalla.

Hay historias que parecen escritas con la tinta de la memoria: veranos que se repiten, viajes que se convierten en ritual y vínculos que se sostienen en un equilibrio frágil entre la amistad y algo más. Ese territorio íntimo y reconocible es el que explora “Gente que conocemos en vacaciones”, la esperada adaptación cinematográfica del bestseller de Emily Henry que se estrena hoy 9 de enero de 2026 en Netflix.
La plataforma vuelve a apostar por una fórmula que le ha dado resultados: trasladar a la pantalla novelas que ya cuentan con una legión de lectores fieles y una fuerte presencia en redes sociales. Pero más allá del fenómeno editorial, “Gente que conocemos en vacaciones” funciona porque conecta con una experiencia emocional casi universal: la de mirar hacia atrás y preguntarse en qué momento una relación cambió para siempre.
La historia sigue a Poppy y Alex, dos amigos unidos por una tradición que durante una década les dio sentido a sus vidas: una semana de vacaciones cada verano. Ella vive en movimiento, persiguiendo experiencias; él encuentra seguridad en la rutina y los libros. Son opuestos que, contra toda lógica, se entienden mejor que con nadie. Hasta que un viaje rompe el hechizo y el silencio se instala entre ambos. A partir de ahí, la narración avanza entre el presente y los recuerdos, como lo hace la mente cuando intenta reconstruir lo que se perdió.
La novela original no está basada en hechos reales, pero su fuerza radica en algo más profundo que la anécdota. Emily Henry ha construido su historia a partir de emociones reconocibles: amistades que mutan con el tiempo, miedos a decir lo que se siente y ese espacio incómodo donde no se sabe si avanzar puede significar perderlo todo. De ahí que Poppy y Alex resulten tan cercanos, no porque existan, sino porque remiten a personas que casi todos hemos tenido en alguna etapa de la vida.
La adaptación cinematográfica mantiene ese tono introspectivo bajo la apariencia de comedia romántica. Protagonizada por Emily Bader y Tom Blyth, la película apuesta más por la tensión emocional que por los grandes gestos. Hay humor, sí, pero también silencios, miradas y decisiones postergadas. El relato no idealiza el amor ni promete soluciones fáciles: propone, más bien, una reflexión sobre el tiempo, las segundas oportunidades y la forma en que reinterpretamos el pasado cuando el presente ya no encaja.

Desde su publicación, “Gente que conocemos en vacaciones” se convirtió en un fenómeno cultural, impulsado por lectores jóvenes, TikTok y premios como el Goodreads Choice Award. Su relevancia está en que va más allá del romance tradicional: habla del miedo a quedarse quieto, de la presión por tener la vida resuelta y de las personas que funcionan como anclas emocionales en medio del cambio constante.
Con su llegada a Netflix, la historia encuentra un nuevo público y confirma que algunas preguntas —qué fuimos, qué somos, qué podríamos haber sido— no entienden de estaciones ni de plataformas. Incluso en pleno enero, “Gente que conocemos en vacaciones” recuerda que hay veranos que no terminan nunca, porque siguen viviendo en la memoria.
Para quienes quieran ir un paso más allá de la pantalla y sumergirse en la intimidad original de Poppy y Alex, la novela de Emily Henry sigue esperando entre estanterías: el libro está disponible en Librerías Gandhi, una invitación perfecta para leer —o releer— la historia antes (o después) de verla en la pantalla.

