El corazón del rey: cuando el poder también cansa el alma

El corazón del rey: cuando el poder también cansa el alma

Karine Bernal Lobo y la intimidad emocional de gobernar

La fantasía suele prometer reinos, coronas y batallas épicas. Pero en El corazón del rey, Karine Bernal Lobo se detiene en otro territorio: el que se libra dentro de quienes ostentan el poder. El tercer libro de su saga —precedido por El perfume del rey y Las cadenas del rey— no busca responder grandes preguntas, sino tensarlas hasta el límite: ¿cuánto cuesta gobernar?, ¿qué se pierde cuando se gana un trono?, ¿qué ocurre cuando el corazón entra en conflicto con la autoridad?

Karine Bernal Lobo, autora colombiana surgida de Wattpad, comenzó a escribir en 2019 casi por azar, como un pasatiempo previo a la universidad. Inspirada por lecturas de sagas monárquicas como La Reina Roja, nunca imaginó que aquella historia se transformaría en su trabajo ni en una comunidad fiel de lectores. Hoy, escribir no es solo su oficio: es el único lugar donde se reconoce plenamente. “No me veo haciendo nada más”, confiesa.

En El corazón del rey, la saga da un giro decisivo. La protagonista, Emily Malhor, ha pasado de ser plebeya a reina y enfrenta un reino que no la ama. El conflicto ya no es únicamente externo: es emocional, ético, psicológico. “Creo que la palabra que define este libro es caótico”, dice Karine, consciente de que quienes han seguido la historia entenderán la magnitud de esa elección.

No es casual que Bernal Lobo sea estudiante de psicología. Aunque admite que a veces vive una tensión interna entre ambas disciplinas, reconoce que su formación ha sido clave para construir personajes complejos y coherentes. “Un rey no piensa como un plebeyo, ni un noble como un militar”, explica. La psicología de la personalidad le permite evitar personajes intercambiables y dotarlos de contradicciones reales, de zonas grises.

Uno de los ejes centrales del libro es la relación entre el corazón y el poder, dos fuerzas que, en su narrativa, casi siempre se oponen. “Puedes amar mucho el poder, pero ¿hasta dónde vas a dejar que tu corazón se pudra?”, plantea la autora. Gobernar implica elegir, renunciar, endurecerse o, a veces, perderse. En sus libros, el poder tiene un costo emocional alto: drena, limita, transforma.

Ese desgaste también se refleja en sus personajes masculinos, especialmente en Magnus, el antagonista más querido por los lectores. Lejos de una masculinidad hegemónica y plana, Magnus es duro por fuera y vulnerable por dentro. Su complejidad emerge cuando el lector accede a su perspectiva: ahí aparecen las fisuras, las dudas, el miedo. “Eso es lo que hace que la gente lo ame”, reconoce Karine.

Pero si hay una figura que concentra la fuerza emocional de la saga es Emily. No por su habilidad con la espada ni por su posición política, sino por su resiliencia. “Emily cae, y cae, y se levanta. Yo no lo haría”, admite la autora con honestidad. Para ella, la verdadera fortaleza del personaje es emocional: una estabilidad interna que se vuelve casi envidiable y profundamente humana.

Karine concibe la lectura como un pacto temporal. En la dedicatoria del libro invita a perderse unas horas en la ficción, pero también a recordar que la vida sigue afuera. “Quiero que el libro te distraiga, pero que al cerrarlo salgas a vivir tu propia historia”, dice. La fantasía no como evasión permanente, sino como pausa necesaria.

El corazón del rey deja muchas preguntas abiertas, conscientemente. Es un libro de transición hacia el cierre de la saga, y su final promete descolocar al lector: “Solo viste una parte y no la otra”, advierte la autora. Lo que viene será el desenlace definitivo de un universo que ha crecido junto a su comunidad.

Al final, Karine Bernal Lobo no pide más que eso: lectores dispuestos a perder la cabeza por unas horas, a sentir, a cuestionarse, a acompañarla. Porque, en sus libros, el verdadero conflicto no está en el trono, sino en lo que se sacrifica para ocuparlo.