“El alma en los ojos”: Antonio Lorente reinventa El Principito

“El alma en los ojos”: Antonio Lorente reinventa El Principito

Reconocido por su estilo emocionalmente intenso, Antonio Lorente (Almería, 1987) es uno de los ilustradores más destacados de la escena iberoamericana contemporánea.

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, ha expuesto su obra en Roma, Londres, Barcelona y Madrid, y se ha consolidado como un creador capaz de reinterpretar clásicos a través de retratos que privilegian la mirada y la expresión interior. Entre sus trabajos más celebrados figuran Peter Pan, Felicitas, Carmilla y ahora El Principito, proyecto que marca un punto de inflexión en su carrera y que lo trae nuevamente a México para presentarlo ante lectores y coleccionistas.

Su trazo, una combinación minuciosa de técnicas tradicionales —óleo, acuarela, gouache, témpera— con retoque digital, se ha convertido en una firma reconocible: personajes de ojos profundos, atmósferas íntimas y una paleta que convoca nostalgia y cercanía. “Mis personajes no hablan desde la boca —suele decir—, hablan desde los ojos”. Y basta ver cualquiera de sus obras para confirmar que su narrativa visual nace del corazón de la mirada.

Lorente habla con la serenidad de quien conoce la fragilidad de las historias que acompañan una vida entera. Español, ilustrador y creador de mundos táctiles, regresa a México con una emoción luminosa: la llegada de su versión ilustrada de El Principito, un libro que —como reconoce— lo ha acompañado desde niño. “Es un clásico que siempre supe que debía ilustrar. No podía faltar en mi colección”, confiesa.

Aceptar la propuesta de Edelvives no fue sencillo. “Tenía un miedo terrible”, admite entre risas. “El Principito vive en la imaginación de todos. ¿Cómo no sentir vértigo?”. Pero ese temor pronto se volvió impulso creativo: “Si un clásico cumple 80 años y por fin puedo dialogar con él desde mi visión, ¿por qué no hacer algo nuevo? Mi manera de honrarlo era añadir imaginación sin traicionar su esencia”.

El respeto absoluto fue su punto de partida. Por ello, muchas de las ilustraciones aparecen sin fondo: “El blanco es infinitud. Es dejar que el lector respire”. Quería conservar esa sencillez del original, pero llevarla discretamente a su propio territorio visual, más barroco y emocional.

Entre todas sus imágenes, una destaca de manera especial: el encuentro entre el principito y el zorro. “Esa ilustración no está en el libro clásico. La inventé desde mi emoción. Ese abrazo, esa mirada… necesitaba existir”.

Cuando habla de estilo, su respuesta vuelve a los ojos. Para él, son el centro de todo: “Los ojos son el espejo del alma. Puedes decir que estás bien, pero la mirada te delata”.

Ilustrar El Principito fue un desafío único, distinto a sus trabajos anteriores. “La gente es muy fanática de este libro. Lo aman o lo odian. Por eso era tan importante hacerlo bien”.

Su proceso, intuitivo y experimental, combinó técnicas que a veces llegaban a resultados por accidente. “Me gusta experimentar. Esos accidentes le dan vida a la ilustración”.

Hay un pasaje —el final, ese momento interpretado de mil maneras— que requirió especial delicadeza. “Es una escena poética, muy simbólica. Contarla sin romper su misterio fue lo más difícil”.

Al final, Lorente solo desea que los lectores encuentren algo sencillo pero profundo: “Respeto y amor”. Y añade: “Para quienes ya aman El Principito o para quienes lo descubrirán conmigo, ojalá este pequeño príncipe también se vuelva parte de su vida. Está hecho desde el alma, y creo que eso se nota”.

Tres datos curiosos sobre Antonio Lorente

  1. Su estilo nació de un accidente artístico
    Una simple mancha de tinta definió el rumbo de su estética. Intentando “salvar” el error, Lorente descubrió un gesto que se convirtió en sello personal: permitir que los accidentes guíen la expresividad del rostro y la profundidad de la mirada.
  2. No usa una sola técnica: su obra es un laboratorio continuo
    Combina óleo, acuarela, gouache, témpera y retoque digital según lo que cada escena requiere. Describe su proceso como “un mapa emocional más que un método”.
  3. Su ilustración del zorro es una creación completamente original: La escena del encuentro entre el principito y el zorro no existe en el libro original. Surgió de su interpretación emocional y hoy es una de sus ilustraciones favoritas.