Aprender a despedirse de quien nos amó sin palabras Gaby Pérez Islas y el duelo que no siempre se nombra

Aprender a despedirse de quien nos amó sin palabras Gaby Pérez Islas y el duelo que no siempre se nombra

Por Lucía Moreno 

Hablar de la muerte nunca ha sido sencillo. Hablar del duelo, todavía menos. Pero cuando se trata de la pérdida de una mascota, el dolor suele quedar relegado a un lugar incómodo, minimizado y, muchas veces, silenciado. En esta conversación, Gaby Pérez Islas (una de las tanatólogas más reconocidas de México y autora de múltiples libros superventas) pone palabras, consuelo y sentido a una pérdida que ocurre en la intimidad del hogar y deja huellas profundas.

Con más de dos décadas dedicadas al acompañamiento del duelo, Pérez Islas ha aprendido a escuchar aquello que no siempre encuentra legitimidad social. Su nuevo libro, Tu huella en mi vida (Diana, 2025), aborda precisamente ese vacío que dejan los animales con los que compartimos la vida cotidiana: perros, gatos y otros compañeros que, sin decir una palabra, se convierten en presencia constante, refugio emocional y vínculo profundo.

Desde el inicio, la autora es clara: este libro pone sobre la mesa un duelo que rara vez se permite. “A quienes amamos a nuestras mascotas, muchas veces no se nos concede el derecho a estar tristes cuando se van. Nos dicen que exageramos, que adoptemos otro, que ‘solo era un animal’”. La contradicción es evidente: mientras la sociedad avanza en reconocer a los animales como seres sintientes (con derechos, cuidados y un lugar dentro de la familia), el dolor por su pérdida sigue siendo cuestionado.

Para Gaby, la tanatología no busca minimizar el sufrimiento, sino hacerlo transitable. “No quiero hacer pequeño tu dolor, quiero hacerte grande”, explica. “El dolor eventualmente se detiene, pero primero tiene que vivirse”. Desde esa mirada, Tu huella en mi vida se convierte en un espacio legítimo para nombrar la tristeza, la ausencia y la desolación que deja un animal que, en muchos casos, fue la relación más constante y silenciosa de nuestra vida.

La autora habla de las mascotas como grandes acompañantes emocionales. “Son terapeutas extraordinarios. Escuchan, no juzgan, viven en atención plena. Perciben nuestro estado de ánimo, se entristecen con nuestras lágrimas y celebran sin reservas”. Cuando se van, dice, el vacío es profundo y desestabilizador. Por eso, una de las claves del libro es la resignificación: entender que su misión no fue rompernos, sino acompañarnos. “No vinieron a destruir nuestra vida, vinieron a iluminarla”.

Entre las ideas más potentes del libro está la forma en que Gaby se refiere a las mascotas como “inquilinos”. No es una metáfora menor. “No son cosas ni propiedades. Tampoco somos sus dueños. No son esclavos ni somos sus amos”, aclara. “Somos responsables de ellos durante el tiempo que nos acompañan”. Esta visión dialoga con un cambio cultural más amplio: hoy, en países como México y España, los animales ya son reconocidos legalmente como parte de la familia, incluso en procesos de divorcio o custodia compartida.

El libro reúne testimonios que dan voz a un dolor que suele vivirse en silencio. “¿Por qué tenemos que comparar los duelos?”, se pregunta. “¿Por qué poner en una balanza si duele más la pérdida de una madre, un hijo o una mascota?”. Para Gaby, cada pérdida merece su propio espacio. La muerte de un animal ocurre en la intimidad del hogar: duerme contigo, te acompaña durante años, escucha sin juzgar. Por eso duele tanto.

Otro de los ejes centrales del libro es el duelo anticipado. Gaby distingue entre la angustia que paraliza y la conciencia amorosa del paso del tiempo. “Cuando empiezas a notar canas, lentitud o cansancio, todavía es tiempo de redoblar amor, cuidado y presencia”. No se trata de despedirse todo el tiempo, sino de vivir sin deudas emocionales. “Si hoy fuera la última vez que nos vemos, que estemos en paz”.

Uno de los capítulos más delicados aborda la eutanasia. La autora es enfática: la decisión debe estar guiada por el veterinario. “No se trata de acortar una vida, sino de no prolongar una agonía”. Amar, en ciertos momentos, también implica saber dejar ir, acompañar hasta el final y estar presentes cuando llega la despedida.

Al final de cada historia aparecen las llamadas “perlas tanatológicas”, una de las grandes apuestas del libro. “Las perlas nacen de una herida”, explica Gaby. “El molusco cubre esa herida con nácar, capa tras capa, hasta que se forma una joya”. Así funcionan también las pérdidas: dejan aprendizaje, crecimiento y sabiduría. No es casual que este sea su primer libro con fotografías a color. Tu huella en mi vida está pensado como un objeto amoroso, cuidado hasta el último detalle.

Tu huella en mi vida es un libro necesario, sensible y profundamente humano. Porque todos, en algún momento, necesitaremos palabras que nos ayuden a entender que amar —incluso cuando duele— siempre vale la pena.+

¿Por qué puede interesarte Tu huella en mi vida?

Porque no es sólo un libro sobre mascotas, sino sobre el amor, la pérdida y la manera en que aprendemos a despedirnos. Es una lectura valiosa tanto para quienes atraviesan este duelo como para quienes acompañan a alguien que lo vive. También funciona como una guía empática para entender otros tipos de pérdidas. Un libro para leer, regalar y volver a consultar.

Un podcast que acompaña 24/7

Durante la pandemia, Gaby lanzó el podcast Después de la pérdida, un espacio gratuito de salud mental que hoy se ha convertido en referencia. “Es un tanatólogo disponible las 24 horas”, explica. Ahí se abordan temas como duelo, resignificación, adaptación y crecimiento personal. Un lugar seguro para continuar conversaciones que no siempre encuentran espacio en la vida cotidiana.

Gaby Pérez Islas tiene una licenciatura en Literatura Latinoamericana. Desde hace más de 26 años se dedica a la tanatología, disciplina que ha ayudado a visibilizar en México. Combina la práctica clínica con conferencias multitudinarias y formación académica. Tu huella en mi vida es su octavo libro y el primero con una fuerte apuesta visual.