Power couples contra el mito del genio solitario

Power couples contra el mito del genio solitario

“Para Phyllis, que me hizo meter los dragones” es la dedicatoria con la que el escritor George R. R. Martin, en la tercera parte de la saga Canción de hielo y fuego, nos devela a la responsable de que su obra esté poblada por tales criaturas fantásticas. Y es que Martin se mostraba reticente a que hubiera magia en su historia, pero su amiga, la también escritora de ciencia ficción y fantasía, Phyllis Eisenstein, lo convenció de hacerlo.   

Esa sugerencia, de apariencia sencilla, transformó una de las historias de fantasía más importantes de los últimos años. ¿Qué sería de Daenerys Targaryen sin Viserion, Drogon y Rhaegal? Más allá del dato curioso, la anécdota de Martin y Eisenstein nos revela una verdad que solemos omitir: no pensamos ni escribimos ni pintamos ni creamos en soledad absoluta; casi siempre hay alguien que nos interpela y cuida. 

Más que restarle autoría a quien firma una obra, cuando reconocemos a esa presencia, silenciosa o silenciada, también complejizamos la forma en la que entendemos los actos creativos. Así entran a escena las amistades intelectuales y las alianzas afectivas, los dúos poderosos, esa pareja, romántica o no, cuya relación se construye gracias al diálogo, al desacuerdo, al respaldo y, por supuesto, al amor.  

Si seguimos por el terreno de la literatura, una de las power couples por excelencia es la de Siri Hustvedt y Paul Auster. A lo largo de los más de cuarenta años que compartieron, se convirtieron en el editor vital del otro y en los primeros lectores de sus manuscritos, situación que los influyó y cambió a ambos, de acuerdo con Hustvedt. En este caso, la dupla fortaleció dos voces distintas que se desarrollaron en permanente interlocución.

En el cine contemporáneo, Greta Gerwig y Noah Baumbach conforman una power couple creativa basada en la conversación y la coautoría. Comenzaron a colaborar en Greenberg (2010) y consolidaron su vínculo con Frances Ha (2012), escrita en conjunto. Ambos han descrito su proceso como un diálogo constante en el que la confianza y la escucha son centrales. Aunque han trabajado juntos en varios guiones, cada uno mantiene una voz autoral clara y proyectos propios.

Por otro lado tenemos a una de las duplas literarias por excelencia: Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Ellos se conocieron en 1931, en una fiesta que ofreció Victoria Ocampo. “No fue admiración por sus escritos lo que me atrajo; fue mi admiración por su pensamiento expresado en las conversaciones”, escribiría Casares en 1963. Su amistad fue la tierra de la que germinaron libros, H. Bustos Domeqc (el autor ficticio responsable de varios relatos detectivescos coescritos por este dúo) y una de las conversaciones literarias más fértiles del siglo xx.

Hay dúos que se tejen desde la discreción, como el de Louise Bourgeois y su asistente Jerry Gorovoy.  “Cuando estás en el fondo del pozo, miras a tu alrededor y te preguntas: ‘¿Quién me va a sacar?’. En este caso, es Jerry quien viene y me ofrece una cuerda, y yo me engancho a ella y él me saca”, expresó Bourgeois. En la pieza 10 AM is when you come to me, una pieza integrada por veinte dibujos de manos, la artista incluyó las suyas junto a las de Gorovoy, quien solía llegar a las diez de la mañana al estudio de Bourgeois para comenzar su jornada de trabajo. 

Pensar los dúos poderosos desde estos ejemplos implica desmontar la idea del genio aislado y reconocer que muchas de las obras que hoy consideramos individuales fueron posibles gracias a vínculos concretos. Relaciones imperfectas, humanas, atravesadas por el diálogo y el desacuerdo, pero también por la confianza y la generosidad. Ninguna obra existe en soledad; lo que permanece casi siempre lo hace porque alguien estuvo ahí, acompañando el proceso.+