Cristina Fallarás o la furia de decirlo todo
Hay escritoras que se refugian en la belleza y otras que la buscan entre los escombros. Cristina Fallarás pertenece a esta última estirpe: la de quienes escriben desde el temblor, con el pulso acelerado y la verdad latiendo bajo la piel. Su literatura no busca consolar: interpela, incomoda, expone. En sus libros no hay máscaras ni indulgencia; hay heridas abiertas, la crudeza del miedo, la ternura que sobrevive al desastre.
Nacida en Zaragoza en 1968, Fallarás se formó como periodista en medios como El Mundo, El Periódico de Cataluña y Cadena SER, donde comprendió que la palabra podía ser también una trinchera. En 2018 impulsó el hashtag #Cuéntalo, un movimiento que hizo historia al reunir cientos de miles de testimonios de mujeres sobre la violencia sexual y machista tras el caso de La Manada. Lo que comenzó como una respuesta de indignación se convirtió en un archivo colectivo de memoria y resistencia, y consolidó su voz como una de las más potentes del feminismo contemporáneo en lengua española.
Esa convicción de que escribir también es una forma de testimoniar atraviesa toda su obra narrativa. En Últimos días en el Puesto del Este (2024), publicada por el Fondo de Cultura Económica, Fallarás lleva su mirada al límite. La novela —breve, intensa y deliberadamente ambigua— cuenta la historia de una madre que intenta proteger a sus hijos en medio de un entorno incierto, amenazante, tal vez posapocalíptico. A través de una prosa contenida y febril, la autora construye una atmósfera donde el miedo se vuelve casi físico, y donde la supervivencia adquiere el tono de una resistencia íntima.
En paralelo, la memoria del pasado —encarnada en un amor antiguo, en un eco de ternura llamado la Polaca— ofrece un respiro mínimo, una grieta por donde se cuela la luz. Fallarás no explica ni tranquiliza: sugiere, provoca, empuja al lector hacia la incomodidad de lo incierto. En Últimos días en el Puesto del Este, lo importante no es el contexto ni la causa del desastre, sino la emoción: el miedo que paraliza, la necesidad de seguir respirando, la obstinación de amar incluso cuando todo parece perdido.
Su estilo combina la sequedad de la crónica con la intensidad de la poesía. Cada frase parece escrita con urgencia, como si detrás de cada palabra se jugara algo esencial. En ese tono austero y vibrante se percibe una ética literaria: Fallarás no embellece el sufrimiento, pero tampoco lo esconde. Lo observa con la serenidad de quien sabe que la verdad sólo puede decirse desde la herida.
En la figura de esa madre sin nombre, la autora construye un símbolo de resistencia: no la esperanza ingenua, sino la voluntad de permanecer. En medio del miedo, cuida; en la ruina, recuerda; en el silencio, todavía habla.
Últimos días en el Puesto del Este no ofrece consuelo, pero sí verdad. Es una novela que duele, y en su dolor hay belleza, memoria y una feroz voluntad de seguir diciendo.+
Las claves para conocer a Cristina Fallarás
- Pionera del noir femenino
En 2012 se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Dashiell Hammett por Las niñas perdidas (2011) una historia de desapariciones, maternidad y violencia narrada con una crudeza que marcó un punto de inflexión en la novela negra española. - De la denuncia al archivo colectivo
Su iniciativa #Cuéntalo —nacida en Twitter tras el caso de La Manada— reunió cientos de miles de relatos sobre violencia de género. Fue considerada uno de los hitos más importantes del feminismo digital en lengua española. - Escritura entre la furia y la lucidez Además de novelista, Fallarás es ensayista y columnista. En libros como Honrarás a tu padre y a tu madre (2018) o Ahora contamos nosotras (2019) examina la memoria familiar, la desigualdad y la necesidad de narrar desde la experiencia femenina, con una voz radical, ética y profundamente humana.
