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De mamás y sus hijos escritores

Me hubiera sorprendido que no llegara.

¿Tendría que haber faltado?

Es día de la madre, ¿hacen falta más razones?

De igual forma usted abrió el día de hoy.

Pero pronto cerraré, tengo una cita por la noche.

¿Irá a ver a su madre?

No. Bueno, sí. Pero iré con mi mujer, le llevaremos flores. Ella falleció hace ya varios años y está enterrada en el Panteón Francés.

¡Ah! Sí lo conozco. Ahí está enterrado José Revueltas. Una vez quise rendirle un pequeño homenaje. Algo muy íntimo, pero no me dejaron entrar. Argumentaron que únicamente los familiares o con algún permiso podría entrar. Tuve que resignarme. Sabe, la mamá de Pepe tuvo algo de profeta. Ella siempre quiso tener un hijo músico, uno pintor y otro poeta. Y vaya que acertó: Silvestre, Fermín y José. Tercia de genios humanistas.

Debió haber estado muy orgullosa de sus hijos.

Eso y sumando a sus hermanas que también destacaron en la actuación y dibujo. Pero para hablar de una relación definitivamente intensa entre madre e hijo…

¡Edipo!

¡No! Bueno, sí. Pero esa va en otro costal… supongo. Yo hablaba de Borges y su madre, Leonor Acevedo. Tuvieron una relación muy estrecha a partir de la ceguera del escritor. Ya te había contado de él. Ella vivió casi cien años, ¡se imagina! Eran de familia longeva. La hermana, Norah Borges, que fue artista plástica, también vivó mucho.

Debieron parecer inmortales.

Lo dudo. Eso, quizá, les debió haber resultado demasiado aburrido, algo cansado. Marcel también fue cercano a su madre. También el otro Marcel, el de su novela. Asimismo Pável, a quien conocí por Máximo Gorki, desarrolló una fuerte cercanía con su madre. Pero no todo es gratitud y cariño. Me he enterado de la mala relación que existe entre familiares. De Michel Houellebecq no se dicen muchas cosas buenas, ni él las dice de su madre.

Bueno, siempre existen peleas entre padres e hijos.

Pero hay peleas que no se olvidan ni cicatrizan. Y menos cuando las declaraciones se hacen públicas.

Los niveles peligrosos de la opinión pública. Qué triste. Oiga, pero ya es tarde y tenemos que irnos. Me esperan dentro de poco tiempo.

¿Ta pronto? Pero ni me he terminado mi bebida.

Se la pongo para llevar; ande, vámonos y también vaya a ver a su madre.

Siempre la veo, no hace falta.

Pues regrese y véala de nuevo, para luego será demasiado tarde.

Por: R. R. Fullton    @LordNoa

Ficciones de Jorge Luis Borges.

Sumisión de Michel Houellebecq.

La madre de Máximo Gorki.

En busca del tiempo perdido de Marcel Proust.

Los días terrenales de José Revueltas.

MasCultura 10-may-16
 

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