La ciudad entre palabras; memorias de la FILO 2014

Oaxaca es una ciudad memoriosa, es un lugar cuya historia pesa sobre sus hombros, sobre sus ciudadanos, sus paredes, sus banquetas, sus postes de luz cuidadosamente tapizados con otras voces, a lo largo de la avenida Independencia y atrás de la Catedral, rodeando el quiosco del Zócalo. Este primero de noviembre, día de muertos, las historias vivas que recorren Oaxaca vuelven a asentarse en el centro de la ciudad. La Feria Internacional del Libro presenta su trigésima cuarta edición, con la invitación especial de un país ni tan lejos en distancia, ni en parecido del nuestro: Colombia.

El majestuoso Teatro Macedonio Alcalá se viste de gala precavida; se celebran las letras, pero entre el festejo se deja percibir un lamento que retumbará a lo largo de la inauguración frente a la comitiva inicial. Guillermo Quijas inicia con las palabras que continuarán algunas personas comprometidas con la cultura y otras con los formalismos. “Qué difícil hablar de fiesta y alegría cuando otros caminan sobre tristeza y desazón”, recalca antes de pasar al homenaje de dos colombianos que hicieron de México también su país: Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis.

Es difícil no tener presente la desgracia cuando cada calle te la recuerda: las paredes también tienen memoria, sólo que el olvido se impone en ellas como una mancha de pintura, una cicatriz, marca indeleble. El recuerdo se materializa, se vuelve algo palpable: 43 historias, 43 nombres. A esa carencia, a esa emergencia se refería Guillermo Quijas y en eso enfatizaba Fernando Savater frente a un foro desbordado e inquieto, que prestaba atención al filósofo español de vista cansada, pero pensamiento ágil.

“La participación deriva de nuestras decisiones, de lo que queremos”, continúa Savater, bajo el resguardo del Teatro, antes de ser invadido por una inmensa fila en busca de su firma. Me quedo pensando después de sus palabras y, aunque sea un pensamiento romántico creer que algún libro de entre muchos puede propiciar un cambio significativo en una comunidad, prefiero ver inclinarse a la gente por ese camino, como su forma de participar en la ciudadanía, antes que quedarse sin nada. Esa convicción también se deja percibir entre los que leen poesía sobre una de las jardineras del Zócalo o los que montan un performance al lado del quiosco cubierto de mantas y lonas.

El viento se lleva las palabras; “Hablan de paz en las Conferencias de Paz/ y en secreto se preparan para la guerra”, pero algunas se cincelan en el recuerdo.

En esta época del año, la noche llega más pronto. En esta época de nuestra historia, la noche se ha vuelto más oscura. Y ante esta densidad, hay que ir a la palabra. ¿Serán los libros una bengala de auxilio entre tanta negritud? Esa pareciera ser la apuesta de la FILO, cuya actitud se mantiene firme y muestra el rostro más humano de quienes la conforman; así lo hicieron patente desde el primer evento y desde los primeros discursos, con un pequeño comunicado impreso individualmente junto al programa de la Feria, que aún hacen eco entre los invitados.

El frío aumenta al igual que la cantidad de asistentes en el Foro principal. Enrique Serna y Hernán Lara Zavala hablan de José Agustín, que no pudo presentarse en el estrado. Los escritores bajan a firmar algunos libros y le ceden el lugar al último número del primer día de un evento que exige ¡Letras por la paz!

Junto a casas de campaña, al lado de ofrendas con nombres de profesores y estudiantes, las letras siguen fluyendo; “A la hora de la Sirena de Alarma/ tú estarás conmigo/ tú serás mi refugio el día de la Bomba”. Entonces, tras un silbido prolongado, suenan las explosiones en el cielo. Después viene una breve luz y, finalmente, los acordes de una guitarra junto con la batería de Botellita de Jerez.

La energía vuelve inmediatamente a muchos de los rostros cansados y adormilados. Francisco Hinojosa disfruta de la música, cauteloso en una esquina, mientras que en el lado opuesto empieza un “slam” de catrinas y diablos. Armando Vega Gil, en una pausa, dedica la tocada a los estudiantes, a los que luchan, o como diría Quijas en la mañana “por los que estamos, por los que nos faltan, por los que vendrán”: puede que sea una densa noche, pero aún es posible iluminarla. El estrado de la FILO, se encarga de ello.

Rolando Ramiro Vázquez Mendoza @LordNoa

Mascultura 02-Nov-14

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