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ZONA DE MIEDO: soldados inútiles

¿Hace cuánto que no ven una película de guerra? ¿Hace cuánto que no ven una película de guerra dirigida por una mujer? ¿Hace cuánto que no ven una película de guerra dirigida por una mujer y que haya ganado el Oscar? Es tiempo de revisar una propuesta que, ya confirmado el regreso de las tropas de Estados Unidos a su tierra y en una lectura superficial, podría quedar en el olvido, superada por el tiempo.

El sudor, el polvo, la pólvora, la persecución de algo que nadie sabe cómo es, cómo se ve, cómo huele. Una ciudad en ruinas reflejo de un sistema económico y político que tiene al mundo en la misma situación: hecho un desastre, con los ricos pidiendo más y los pobres viviendo con menos. El motor de ese sistema es la guerra contra un enemigo al que nunca se le han visto los ojos.

Esa es la señalización que Kathryn Bigelow realiza a lo largo de Zona de miedo, una película que si bien muchos han tachado de patriotera y propagandística tiene, al contrario, un punto de vista tan crítico como estéticamente pulido de la más reciente guerra en que se han embarcado los Estados Unidos. El plano sobre el que caminan las personalidades que desarrolla es el de todas las guerras y quizá eso es lo más triste de esta nueva propuesta: dejar en claro que lo que hace ese país con sus soldados no sólo es un patrón recurrente sino que conociendo su error, es incapaz de corregirlo.

Después de cada guerra, sus jóvenes combatientes regresan inutilizados para nada más que la guerra. Es el precio de la sangre joven inyectada con pólvora y acero, con metralla y bayonetas. Otro ejemplo claro es El salvaje (EUA, 1953), esa ola de desencanto en la que Marlon Brando encarna a un joven desorientado en la Norteamérica posterior a la Segunda Guerra. El personaje es reflejo de todos los pilotos y soldados que al volver a su país no encontraban trabajo pues lo único que sabían hacer era mantener a la máquina trabajando: un avión, una motocicleta o la máquina de guerra.

Bigelow camina en el otro lado de esa historia y describe con un realismo avasallador el día a día de estos chicos, la adicción que se les genera a esos estallidos de emoción animal y sin sentido y, claro, el choque que representa volver a un país que nunca le ha visto el rostro a sus soldados, que pelean contra el enemigo al que jamás se le han visto lo ojos.

El choque es brutal. Activos y vivos a la fuerza en la zona de combate se convierten en pasivos y desangelados seres; uno más de tantos que una riqueza mal establecida mantiene falsamente satisfechos con una abrumadora oferta de todo: tele, comida, bebidas.

Crudo final cuando nuestro soldado estrella, el objeto y objetivo de la película se da cuenta de eso y confirma, entre otras cosas, que es incapaz de decidir. ¿Hace cuánto no ven una película de guerra donde no hay ni buenos ni malos?

Por: Erick Estrada www.cinegarage.com

Zona de miedo de Kathryn Bigelow en Gandhi

Mascultura 30-Ago-11

Imagen: Fotograma extraído de la película Zona de miedo
Imagen 2: Portada de la película Zona de miedo

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