JUEGOS DE INGENIO de John Katzenbach

¿Qué hacer ante un narrador consumado cuyas historias son todas absorbentes, pero muy parecidas entre sí y sin grandes pretensiones? En el caso de John Katzenbach, mi respuesta a esta pregunta ha sido seguir leyéndolo. Pese a que soy consciente de que leer uno de sus libros es como haberlos leído todos, me es difícil renunciar al placer que me deparan sus narraciones. No soy un lector que no discrimina sus lecturas. Al contrario: ante tantos clásicos que quiero leer y no he leído, me he vuelto cada vez más selectivo a la hora de elegir obras recientes. A pesar de lo anterior, ante los libros de Katzenbach, que podríamos llamar “entretenidos” o “para pasar el rato”, nunca siento que pierdo mi tiempo.

¿Qué es lo que tiene Katzenbach? En primer lugar, domina a la perfección su oficio de contador de historias. El conflicto central de sus novelas es siempre un misterio que constituye una amenaza para la vida de uno o varios de sus protagonistas. Ese misterio suele estar relacionado con la identidad de un temible asesino, al cual uno o varios hombres y mujeres valerosos pero complejos (un profesor con una enfermedad degenerativa, un matrimonio que carga con una culpa, un joven encerrado en un manicomio por su familia, etc.) buscan y terminan por vencer, con el riesgo de reportar bajas humanas en el proceso. El suspenso es manejado por Katzenbach con una precisión envidiable incluso para los novelistas de mayores vuelos. En el clímax del libro se produce el esperado enfrentamiento entre el criminal y sus perseguidores, que suele ser largo y angustiante, y que concluye con el restablecimiento del orden.

La historia de Juegos de ingenio está ubicada en futuro próximo, en un país de nombre Estados Unidos, en el que la violencia se ha expandido a niveles alarmantes: los ciudadanos se ven en la necesidad de cargar un arma para defenderse de los criminales que pueden acecharlos en cualquier esquina; los asesinatos se han vuelto cosa de todos los días. Ante un panorama así, un grupo de políticos ha instituido un territorio en el que se han abolido ciertas libertades, pero que a cambio ofrece a sus habitantes una seguridad total. Ese territorio pretende convertirse en el estado número cincuenta y uno de la nación. Cuál no será la alarma y la cólera de las autoridades de ese lugar cuando en su seno comienzan a perpetrarse muertes violentas de jovencitas. Se sospecha de un homicida que operó veinte años atrás y que aparentemente había muerto. Para atraparlo, se convoca a su hijo, Jeffrey Clayton, experto en asesinos en serie, que ya ha ayudado la Policía a atrapar criminales con este perfil. A la trama se suman la madre y hermana de Clayton, que son acosadas por ese fantasma que creían desaparecido.

Las primeras páginas del libro me hicieron pensar que esta vez el autor se había propuesto ir un poco más allá de sus alcances: se trata (imaginé o deseé) de una distopía, de una crítica a una sociedad de libertades recortadas, en apariencia perfecta, que termina revelándose como un infierno.  Sin duda, hay algo de eso en la novela, como también hay en La sombra, otra obra del autor, una exploración del horror que significó el nazismo; sin embargo, tanto en una ficción como en la otra el trasfondo, que podría dar mayor profundidad a la obra en cuestión, acaba siendo tímido, eclipsado por una trama que solo entiende de suspenso y personajes verosímiles y bien construidos.

No parece ser interés de Katzenbach propiciar una reflexión sobre la sociedad perfecta (¿es posible?, ¿es deseable?, ¿en qué consistiría?): todo su esfuerzo se centra en retener a su lector a través de un suspenso bien dosificado y una resolución satisfactoria, si bien resulta muy semejante a las de otros libros. La sociedad que imagina más bien parece ser un pretexto, un marco atractivo para que Katzenbach cuente la misma historia que ya ha contado, que no implica conflictos sociales, sino una mente retorcida en particular, un caso aislado, que tampoco arroja gran luz sobre sí mismo, sobre sus miedos y el proceso que lo llevó a convertirse en lo que es. Pese a ello, su actuación es creíble.

Si de esta reseña se entiende que Katzenbach es un novelista talentoso, pero reiterativo y algo ligero, me daré por bien servido, pues justo eso he querido decir. No está de más reiterar, sin embargo, que también creo que, gracias a su dominio del arte del buen contar, Katzenbach logra, de cierto modo, imponerse a sus defectos y seducir a lectores como yo para que sigan procurando sus libros, pese a que no se pueda esperar nada nuevo de ellos.

Javier Munguía
http://www.javiermunguia.blogspot.com/

Juegos de ingenio de John Katzenbach en Gandhi

Aquí la entrevista en video de Mascultura con John Katzenbach

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