Los temas de Hitchcock: EL INQUILINO

Del señor Alfred Hitchcock se pueden decir, en realidad, pocas cosas nuevas. Para hablar de él en estos tiempos hay que remitirse al pasado, hay que hacer saber que Hitchcock no es sólo Psicosis ni Los pájaros y que, mejor aún, el señor sabía filmar simplemente porque su ojo como director evolucionó a la par del desarrollo del cine. Su trabajo ocurrió desde 1925, a muy poco del gran salto del cine silente al sonoro y cuando las herramientas con que se contaban historias eran tan nuevas que había que jugar con ellas para dominarlas, incluida la gramática cinematográfica.

De entre sus películas silentes hay que recordar El inquilino, una especie de thriller urbano pero que con un poco más de libertad (Hitchcock fue obligado a modificar su guión para no “afectar” la carrera de Ivor Novello, su protagonista) habría quizá inaugurado aún antes que Psicosis el slasher, pues en un Londres neblinoso y oscuro, con sombras amenazantes y aires endurecidos, Hitchcock cuenta la historia de un chico (Novello) que alquila un departamento en la ciudad. No hay nada extraño en eso hasta que entre la chica que le renta el espacio y el detective colmado de trabajo comienzan a sospechar que el chico es nada menos que Jack “El destripador”.

Hasta ahí estaríamos frente a un thriller tradicional pero no, estamos repasando uno de los primeros largometrajes de Alfred Hitchcock y si en los últimos nunca hizo cine banal, en sus principios tampoco tenía por qué hacerlo. En esta aparentemente sencilla historia se involucran los asesinatos en serie de Jack y sus víctimas rubias, pero también los celos del detective ante este apuesto chico, la ciudad de Londres que toma un lugar más que primordial, la relación entre muerte y deseo sexual (un tema fundamental para comprender la obra completa de Hitchcock), un suspenso que incluso al final es cruel con nosotros (no desvelar el verdadero rostro del verdadero asesino es algo a lo que la gente no está acostumbrada) y claro, un humor tan negro como las noches londinenses en esta película.

Para finalizar, es bueno de repente refugiar el ojo y el oído de películas tan grandilocuentes en cuestión tecnológica que además inundan ahora las pantallas, y es mejor hacerlo con películas que con menos recursos elaboraban historias muchas veces más eficaces y que al final terminaron por nutrir a las de nuestros días. Hitchcock tiene una larga lista para hacerlo y El inquilino es una de sus mejores propuestas.

Por Erick Estrada www.cinegarage.com

Imagen: Fotograma de la película El inquilino de Alfred Hitchcock.
Mascultura 14-Ene-13

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