La pasión nunca muere en “El amante japonés” de Isabel Allende

El tiempo es decididamente implacable contra los seres vivos. Puede, asimismo, traer tanto grandes momentos de júbilo como la desesperanza, la vida y la muerte. Las personas que van acumulando años como líneas en el rostro son, bajo la lógica biológica, los más vulnerables. Sin embargo, para muchos, la edad no es impedimento para evadir algún extremismo o aventura amorosa. A veces es eso lo que refuerza los deseos de seguir vivos.

Isabel Allende, escritora chilena radicada en California desde 1988, cuenta en su última novela, “El amante japonés” (Plaza Janés, 2015) la historia de la octogenaria Alma Belasco, que decide contratar como su secretaria personal, después de un polémico incidente, a Irina Bazili, la joven y nueva trabajadora en la casa de retiro Lark House.

Irina Bazili, conforme pasa el tiempo, va convirtiéndose en la confidente de Alma. Asimismo, su nieto predilecto, Seth Belasco está decidido en escribir un libro sobre su familia, cuyo miembro más antiguo es su abuela. Las anécdotas que empiezan a tomar forma sobre las páginas se remontan al momento previo al estallido de la Segunda Guerra Mundial, con una pequeña niña polaca que vería fragmentada a su familia como parte del cambio drástico que sufriría su vida.

“El amante japonés” es una novela que reúne diversos elementos históricos para darle vida a los personajes que la transitan. Irónicamente, la Segunda Guerra Mundial es el detonante de esta obra, momento que divide a la familia Mendel, residida en Polonia, cuyo hijo, Samuel, es enviado a Inglaterra y Alma, su hija, a San Francisco, para que quedara bajo el cuidado de sus tíos. Allí es donde conoce a Nathaniel, su primo, e Ichimei, el hijo del jardinero japonés y amigo de Isaac Belasco, el tío de Alma. Con algunos años de diferencia, los niños conforman un trío inseparable que, sin embargo, verá terminado un periodo de juegos al poco tiempo.

Como parte del trasfondo de “El amante japonés” se encuentra el pasado de los Estados Unidos que en muy escasas ocasiones sale a relucir en los innumerables documentales y textos que desarrollan sobre el conflicto armado en Europa. Los campos de concentración de familias y comunidades japonesas en América fue otra de las situaciones que enfrentó Alma. Ichimei fue recluido junto con toda su familia por ser sospechosos de espionaje para el Imperio Japonés después de los ataques a Pearl Harbor.

“El amante japonés” recrea el amorío de Alma Belasco e Ichimei Fukuda, que empezó durante la infancia de estos dos amigos y se prolongó hasta más allá de la muerte. Su relación, después de muchos años, intrigó a la joven Irina y a Seth, quienes sospecharon de los viajes imprevistos y las cartas que recibía Alma en la casa de retiro. Dicen que la pasión es lo primero en morir de una relación, pero en “El amante japonés” es, más bien, el personaje que mantiene la tensión, sobrepasando lo inesperado.

– Isabel Allende. “El amante japonés”, México: Plaza Janés, 2015, 348 pp.

Por Rolando Ramiro Vázquez Mendoza @LordNoa

Mascultura 22-jul-15
 

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