Fracturar estructuras

“Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas”. Manifiesto futurista, F. T. Marinetti.

El acceso a la información y las nuevas tecnologías se relacionan con estrategias de transformación, y de éstas surge la oportunidad de apropiarnos de los beneficios de la modernidad. Dentro del proceso globalizador se insiste en la interculturalidad y en las interacciones que facilitan apropiarnos de elementos de otras culturas; internet, por ejemplo, brinda la posibilidad de crear intercambios, aunque no signifique que se acepten en su totalidad

La industria cultural y los medios de comunicación de los ochenta parecían empeñarse en sustituir al arte underground y el folclor en la ciudad. Sin embargo, ahora los medios lo difunden de manera masiva: el rock y la música se renuevan sin alejarse de las creencias y los movimientos populares que ejercen energía en la Ciudad de México, como sucede con un tipo de música electrónica.

Lamentablemente, en México el gobierno censuró el rock, por considerar que atentaba contra las mentes jóvenes; las autoridades carecían de una mayor apertura con la cultura musical. La sociedad tampoco se preocupó por una escena distinta. El rock nacional no tenía una amplia difusión por la escasez de interés en los medios de comunicación, que nunca se preocuparon por crear un archivo musical, y menos de los proyectos que estaban en una línea alternativa. Los televisores en blanco y negro, junto con la radio, pocas ocasiones transmitían información musical distinta a la que ocurría en el Viejo Continente. De manera vaga, a finales de los años setenta, el espectador comenzó a identificar las notas monocromáticas de “Video Killed The Radio Star”, de The Buggles y “Whip It”, de Devo.

La década de los setenta y el inicio de los ochenta en la Ciudad de México vieron un declive musical. No obstante, tanto en el sur como en el norte de la ciudad estaba por formarse una escena alternativa arriesgada y gruesa, como la definieron muchos músicos de aquella época. La juventud comenzaba a adherirse a cierta contracultura desde diferentes disciplinas artísticas, entre ellas había una basada en los estudios de música electrónica, los happenings y el fluxus, que servían para la improvisación y la temática musical, e inspiraban los trabajos de estudiantes de la Escuela Nacional de Música. La primera hazaña de rock experimental surge con Decibel y el disco El poeta del ruido (Orfeón); casi de manera simultánea se mitifica la alineación del grupo de música aleatoria Como México No Hay Dos, y emergen una gran cantidad de nombres y bandas: Krol-Voldarepet Knack Didáctico, El Queso Sagrado, Vía láctea y Aristeo.

Sucedía algo distinto en Inglaterra y Nueva York; allá afloraba una escena musical que se conocería como punk y que impulsaría de manera inmediata la new wave. En México, gracias al acoplado nacional de 1978, New Wave: Las Súper Estrellas Del Punk Rock, se detonó un interés en la cabeza de los jóvenes que tenían intriga por saber más sobre lo que estaba ocurriendo en estas grandes ciudades. El lugar favorito para comprar discos y ver bandas de punk, techno y rock progresivo fue el Hip 70 de Armando Blanco, ubicado en San Ángel, comparable con el CBGB de New York. Tristemente no hay un registro visual de todo lo que allí ocurrió. En el lugar se presentó la crema y nata del rock and roll mexicano, además de presentar a bandas de la nueva ola. Hip 70 realizó producciones de corte independiente, como el primer disco de punk rock de la banda Dangerous Rhythm, que posteriormente cambiaría su nombre por Ritmo Peligroso. Hip 70 recibió a bandas que ahora son de culto: Size, Los Pijamas a Go Go, The Casuals, The Vomits, Lujuria o Heart Attack. Cabe mencionar otras tiendas de discos que tenían un catálogo musical muy extenso: Yoko Quadrasonic o Super Sound, de la que hay un documental titulado Just Like Heaven. Éstas, no obstante, no fueron las únicas tiendas, ni los únicos lugares donde tocaron agrupaciones de corte punk y new wave inspirados por Wire, Dead Boys, Ultravox o Fad Gaget.

En la escena musical descrita líneas más arriba también se encuentran los hoyos fonquis, que eran crudos y ensordecedores por la energía de la gente que asistía a sus eventos: no había límites. En el número 42 de la revista musical Sonido hay un artículo con el título “¿Qué pasa con el punk y la nueva ola?”, en el que se detalla la tocada que se llevó a cabo el lunes 28 de enero de 1979 en la sala de Arquitectura de la unam con Dangerous Rhythm, Size y Lujuria. Resumen del show de Size: “Finalmente Illy Bleeding recibe un botellazo y Size da por finalizada su actuación, ignorando los gritos de los chavos que gritaban ‘otra… otra’”. Esto sucedió dentro de una institución, ahora imaginemos lo que pasaba en los hoyos fonquis como El Salón Brasil, El Salón Antonio Caso, de Tlatelolco —gestionado por el rocanrolero Paco Gruexxo— o el Albert, de San Felipe de Jesús, el territorio punk de Javier Baviera y su proyecto postpunk Hospital X.

La esencia de los ochenta en la ciudad también radicaba en el movimiento new romantic. Inician las fiestas privadas en casas rentadas de la colonia Narvarte, Escandón, o la Del Valle, donde ya desfilaba el uso de los sintetizadores, las cajas de ritmo, el maquillaje, las corbatas y los cortes geométricos de cabello. El techno pop detonaba un ritmo de nafta pura que ya se vivía junto con la liberación sexual. Sin embargo, esto era prematuro y hedonista para el inicio de los raves noventeros.

Por un lado, Syntoma —un trío de techno— graba el primer sencillo de techno mexicano “Heloderma”; después grabaron un lp bajo el sello Corporación Sintética y Discos Trópico Digital, nombres que se perciben tan futuristas como su sonido. Ellos mismos definían su música como electropical urbano. Por otro lado, el dúo Silueta Pálida surgía tras la disolución de la banda Old Fashioned,

con un techno pop depresivo y sobrio que está plasmado en un maxi sencillo editado por A.E.I., y un diseño de portada simétrico y con inspiración en la estética de la Bauhaus. Size, el cuarteto glamuroso, daba apertura al punk y al techno, grabando una pieza clave para la escena musical electrónica: “El diablo en el cuerpo”, además de pertenecer al compilado Sound Cosmodel, editado en Japón y en el que compartía nombre con artistas como Nurse With Wound o Art Zoyd. El documental Nadie puede vivir con un Monstruo detalla el trabajo de la banda y la escena musical de los ochenta en México.

En esta amplia escena artística se generó una necesidad de dar a conocer la música, explorando inquietudes y temores, porque en ese tiempo no era fácil crear música electrónica. Estas agrupaciones se desarrollaron bajo sus propias producciones independientes y de forma muy limitada, como fue el caso de El escuadrón del ritmo, con el mítico Capitán Pijama, quien puede considerarse el primer sintetizadorcista de techno en México. Los hermanos Lafontaine y su show synth-cabaret María Bonita. El trío robótico Nathabisk y su sencillo “La dama de probeta”.

La banda MCC apoyó el movimiento homosexual mexicano. Volti, como dúo, logra editar en Bélgica un maxi titulado Corazón, con el sello Crammed Discs, ahora descatalogado y de culto para los coleccionistas. Casino Shanghai, y la elegancia del techno, destacó con una mezcla de baladas en español, inglés y francés, y sus inigualables presentaciones en el mítico Bar El Nueve. El dúo Década 2 y su electronic body music presentó una fuerte referencia a Factory Records y a Joy División; tuvieron su primera presentación en el legendario bar Tutti Frutti y debutaron en televisión abierta en el programa A Capa y Espada, hechos que se quedaron en el olvido. Podemos mencionar otros proyectos de la misma importancia como: Interface, Alquimia, Oxomaxoma, Artefacto, Vandana y Avant garde, estos últimos tres del norte del país. Librerías Gandhi, La Rockola y El ágora fueron tan sólo algunos lugares que albergaron el sonido de estas agrupaciones

Le debemos a los medios impresos el registro de una parte de la música en México durante la década ochentera, por las reseñas en revistas como Conecte o Sonido, que contenían entrevistas con Sid Vicious, The Jam o The Police; reportajes que forjaron a una serie de melómanos en el país; vinilos, casetes, publicaciones, propagandas, fotografías, video en Súper 8, cintas beta y vhs, tirajes de mil discos o menos, y un sinfín de anécdotas que ahora son objeto de culto de esta escena subterránea y rescatada en parte por internet. Podría decirse que fue un acto artístico que se generó como un culto invisible e inexistente ante el resto de la sociedad; pero valió la pena esperar para inundarnos de su nostalgia.

Revista impresa:  www.revistaleemas.mx 

Por @UlyssesAvath 

MasCultura 17-Julio-17