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Flora y Ulises: súper héroes y aventuras

Cuando la lluvia o el sol se imprimen en nuestra mirada, y percibimos que nos acompaña un aroma que puede hacernos pensar en colores púrpura, azul, naranja o dorado, es necesario saber que estamos inmersos en nuestra imaginación. Si prestamos atención parece que se pueden percibir sabores: vainilla, chocolate, limón o chicle. ¡Ahora sí podemos construir un pensamiento de manera natural! Lo mejor es improvisar y dejarte llevar por la sensibilidad.

Generar un hábito de lectura es fundamental, y a ti como joven lector te permitirá crear un nuevo lenguaje con la imaginación. ¿Tienes curiosidad por conocer historias? Te contaré dos aventuras distintas: en esta ocasión, Flora y Ulises, de la escritora Kate DiCamillo

Todo inicia una tarde de verano en la cocina de los señores Tickham. El señor Tickham decidió regalarle a su esposa la más moderna aspiradora del mundo. Sin embargo, sucede un trágico accidente que tiene consecuencias inesperadas. Un nuevo superhéroe ha nacido, y es una simpática ardilla llamada Ulises. En ese instante, la adolescente Flora Belle, una chica muy cínica, que siempre está leyendo cómics de acción, logra salvar al peludo animalito; a partir de entonces crean una hermosa complicidad, porque Ulises se vuelve inteligente y hasta escribe poesía. Flora Belle y Ulises viven una alocada aventura llena de humor y de ternura, como corresponde a cualquier héroe. “Ulises miró por la ventana y vio el sol brillando intensamente en el horizonte. Pronto sería hora de comer. Un pensamiento maravilloso se le ocurrió a la ardilla. Quizá habría rosquillas, rosquillas gigantes, para desayunar”

Capítulo a capítulo encontraremos valores preciosos y sinceros escondidos entre bellas ilustraciones que son parte de la sensibilidad de la ilustradora K. G. Campbell. Éstos te sumergirán en la historia que cualquier niño quiere tener. William Spiver es otro personaje importante en la trama, y termina por dar cierta magia a la historia. El final es sumamente encantador. Y ahora, un poema de la ardilla: “Las palabras para Flora: nada sería más fácil sin ti, porque tú lo eres todo, todo de todo: chispas de colores, quarks, rosquillas gigantes, huevos fritos, tú eres el universo, siempre en expansión, para mí”.
Pensando en mi infancia, cuando eres libre de dibujar y salpicarte de pintura por todos lados, me llega el recuerdo de Lie, una pequeña que pensaba que si le caía pintura en el cabello podía quedar calva, o que preguntaba si podías ir saltando en un pie — obvio que sí—, o le decías al oído “mira la parvada de pajaritos que comen su alimento”, y ella contestaba: “me gusta el solitario de abajo, yo soy él en la vida”.

Tu corazón necesitará más lecturas como ésta, y la que viene a continuación está llena de calidez humana: La rebelión del tigre. Todo sucede en el pequeño pueblo de Lister, donde vive Rob Horton, de doce años de edad, al que le gusta pasear por los bosques nublados. Vive con su padre en un motel llamado “La Estrella de Kentucky”, es solitario y tiende a estar triste, porque perdió a su madre; además, tiene que lidiar con el bullying de algunos de sus compañeros de escuela por no tener amigos y sobre todo por las erupciones que tiene en las piernas, un tipo de salpullido, y aunque trata de cuidarse, y untarse medicamento, parece no tener cura.

De esa manera conoce a Sixtina Bailey, una chica nueva en el pueblo, con una belleza muy particular. Es todo lo contrario a Rob: habla mucho, es fuerte, le gusta defenderse si es necesario y expresa lo que siente sin arrepentimiento. Ambos terminan uniéndose, y es así como Rob decide contarle un secreto: ha visto a un tigre en una jaula en el bosque. Eso provoca que su amistad se vea a prueba, pues se meten en problemas por liberar al tigre, aunque eso es lo de menos. El tigre es un símbolo que determina las emociones de ambos, y en gran medida los sentimientos de Rob, quien aprende que no podemos estar siempre atados a nuestras tristezas o guardando sufrimientos. Todo en algún momento es liberado, como el tigre de esa enorme jaula que se convierte en una forma de combatir nuestros temores y nuestras necesidades para poder llegar a una parte plena con nosotros mismos.

Ser feliz es complejo, pero no imposible. Felices a nuestra manera: “La jaula estaba hecha con una valla de tela metálica. Había una tabla de madera que servía de techo y una puerta de malla que estaba cerrada con tres candados. Dentro de la jaula, el tigre seguía vagando de un lado a otro, tal y como lo había hecho la última vez que Rob lo vio, como si nunca hubiera dejado de hacerlo, o como si Rob nunca se hubiera marchado de allí”.

Por @UlyssesAvath

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