Lista: Las letras también matan, 6 escritores suicidas

El aura de misterio que algunos escritores emanan para con su público no siempre es percibida de manera favorable. Por alguna razón hay quienes observan en la gente consagrada a las letras una personalidad abrumada y no pocas veces depresiva; inmediatamente piensan –desconocemos las razones por las que terminan por hilar estas causas-consecuencias– que si es escritor tiende al suicidio. Y no. No es la regla, pero tampoco es inconcebible, porque son varios los escritores que sí han optado por el suicidio, sólo que toman ese camino no por ser escritores, sino por razones de su contexto: experiencias traumáticas, depresiones, guerras, etc. A continuación les platicamos de seis escritores cuyo suicidio es poco conocido.

Séneca (4 a. C. – 65 d. C.)
Lucius Annaeus Seneca aka Séneca nació en el año 4 a. C.; conocido también como Séneca el joven para poder diferenciarlo de su padre, fue un filósofo, político y escritor romano. Uno de sus discípulos fue el conocido y poco querido Nerón, quien sería emperador del Imperio romano. Conforme el poder de Nerón fue incrementándose y volviéndose más peligroso, Séneca optó por retirarse de la vida política para protegerse. No obstante, la sombra de su antiguo pupilo terminó por absorberlo; el filósofo fue condenado a muerte, por lo que decidió, antes de que se llevara a cabo la injusta condena, suicidarse; se cortó las venas, ingirió cicuta y, finalmente, ingresó a un baño de vapor, donde sufrió complicaciones respiratorias debido a su asma. Un largo martirio autoinfligido acabó con la vida del autor de la tragedia de Hipólito, en el año 65 d. C.

Jaime Torres Bodet (1902 – 1974)
Jaime Torres Bodet además de haber sido escritor, fungió en numerosos cargos públicos desde temprana edad. Fue hijo de migrantes europeos que llegaron a la Ciudad de México en 1895. Su primer libro fue publicado cuando Torres Bodet tenía 16 años. Trabajó con Vasconcelos cuando era rector de la Universidad. Formó parte del grupo de Los Contemporáneos. Durante varios años sufrió las consecuencias del cáncer. El 13 de mayo de 1974 tomó una pistola, la colocó sobre su sien y sin pensarlo demasiado jaló el gatillo. Sus restos se encuentran en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Sándor Márai (1900 – 1989)
Sándor Márai fue un novelista húngaro cuyo desenlace ya se imaginan. Estudió periodismo, pero no concluyó la carrera. En su momento aplaudió algunos aspectos de los Acuerdos de Viena, aunque fue un declarado antifascista. Se mantuvo a salvo de los nazis por el reconocimiento que tenía. Sin embargo, tras la ocupación soviética, su suerte comenzó a disminuir al ser tildado de “burgués”. Al poco tiempo salió hacia Estados Unidos y su obra fue prohibida en Hungría, lo que ocasión que cayera en el olvido. En 1989, Márai salió a una tienda donde adquirió un arma con un único propósito: acabar con su vida. Su esposa había fallecido cuatro años antes y el Muro de Berlín estaba a pocos meses de ser derrumbado. Ese año de 1989 Sándor Márai acabó con su vida.

Jacques Rigaut (1898- 1929)
La vanguardia artística incrementó su importancia con el movimiento dadaísta, que trajo consigo varios cambios y cuya consecuencia puede apreciarse en mucho de lo que hacemos actualmente en cuestiones de arte y literatura. “Agencia General del Suicidio” es un manifiesto muy ligado a la vida y al estado mental, a la tragedia y la manera sublime de ver la vida de su autor. Sus obsesiones lo llevaron a arrancar botones de la gente que encontraba caminando por la calle; era impresionante la cantidad de botones de camisas que logró juntar. Después de pasar por varios tratamientos de desintoxicación en una clínica, tomó la decisión de ponerse en línea, arreglar su vestimenta e irse a recostar, montando un fuerte de almohadas para amortiguar el dolor y el ruido que emite la pistola: se disparó al corazón como buen dadaísta.

Yukio Mishima 1925-1970
Confesiones de una máscara decreta mucho de la personalidad de Mishima, quien es una de las figuras más importantes de la literatura contemporánea. “Durante muchos años afirmé que podía recordar cosas que había visto en el instante de mi nacimiento. Cuando decía eso, los mayores, al principio, se reían pero luego se preguntaban si intentaba burlarme de ellos”. Al escritor lo perdimos en la niebla a los 42 años, mediante el seppuku, un ritual que consiste en cortase a sí mismo el vientre y extraerse las entrañas; finalmente, un hombre de confianza se encarga de decapitar al inmolado. Ese fue el último acto de Mishima.

Anne Sexton (1928-1974)
Y la muerte cae de pronto, en cada instante y todo momento, sin importar la situación. ¿Cómo podremos evitar algunos pensamientos? ¿De qué manera? Pensamientos que lindan entre la genialidad y que, sin embargo, a veces son causas de suicidio. Los cumpleaños detonan muchas emociones y para la escritora, Anne Sexton, el día de su aniversario 46 propició un choque fuerte entre pensamientos y sentimientos. Sexton, en vez de festejarlo, prefirió ponerle un alto a los años: se encerró en el garaje de su casa, encendió el motor del coche y esperó a que llegara la muerte. Dejó dos hijos, un premio Pulitzer en 1960, un camino lleno de depresiones, tentativas de suicidio y bellos poemas guardados en su casa y en el psiquiátrico. Anne, te llevamos con palabras sueltas en el cielo.

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