La importancia de la comedia política

La importancia de la comedia política
18 de septiembre de 2020
Juan Cardenas 

Hoy en día es normal saber que, en vez de noticiarios políticos serios, muchos consumidores jóvenes reciben información política a través de la comedia. La explosión mediática de las últimas décadas ha ayudado a esto y, como lo iniciara la caricatura política, hoy en día las imágenes son reinas de la comedia política.

La comedia es un género difícil, pues requiere de la mayor inteligencia para ahondar temas que parecen intocables. En teoría, la comedia puede hablar de todo, puede burlarse de lo que sea, siempre y cuando lo haga de manera inteligente, no simplista o estereotípica.

En cambio, la política es difícil de definir, de vocalizar y, de hecho, de entender; requiere de astucia, lógica y crudeza, más que de inteligencia. Por ello la comedia la entiende tan bien y puede jugar indiscriminadamente con ella. La comedia se permite decir lo que otros medios no se atreven. La comedia induce, interpreta, insinúa, obvia y puede juzgar desde el punto de vista del ciudadano común y corriente. Ello nos ha dado todo tipo de tesoros en libros, shows, programas de radio y televisión, películas, podcast, etcétera.

Las series y películas de la política

Recordemos algunos ejemplos. Yes, Minister, la película británica que, con un puro y directo estilo, se burla impíamente del sistema del reino. No por nada, el Reino Unido sigue teniendo esa tradición de comedia política tan importante hoy en día con figuras como Matt Forde, Matt Tedford, Steve Richards o Ayesha Hazarika.

Spin City, una serie norteamericana protagonizada por Michael J. Fox; Veep, una maravilla sobre la posición de la vicepresidencia en los Estados Unidos, producida por HBO y con la divertidísima Julia Louis-Dreyfus en el rol estelar, quien además de haber alcanzado la fama con Seinfield, pasó antes por Saturday Night Life, al lado de leyendas como Eddie Murphy, Jim Belushi, Billy Crystal, y Martin Short.

Bulworth, una película en la que el genio Warren Beatty nos pone a pensar qué pasaría si un político llega a su límite y se olvida de todas las convencionalidades y normas que la imagen del político requiere, yéndose, de hecho, al otro extremo. Dave, película del especialista en comedia Ivan Reitman, en la cual se burla de lo fácil que podría llegar a ser el trabajo presidencial en la Casa Blanca. Muy similar a The Moon over Parador, Being there o la legendaria The Great McGinty, películas que sugieren más oportunidad y suerte para reinar o gobernar un Estado por encima de la preparación política.

Estos son tan sólo algunos ejemplos de la crítica política representados de forma humorística. Es importante reconocer que, en todos ellos, la preparación y documentación de guiones y escritores fue titánica, profesional y comprometida con la demanda de este acercamiento, que no puede ser un trabajo laxo.

Hacer comedia política: México y el mundo

Se debe saber a profundidad de política para burlarse magistralmente de ella. Para dicho propósito, antes es necesario estar informado, leer encabezados, analizar entre líneas, ver conferencias oficiales, pero también seguir con disciplina los trabajos de periodistas de investigación. Se debe, y esto es importantísimo, escuchar al público, al rumor, al chiste social que ronda allá afuera. La comedia política no está para guiar opiniones ni mucho menos sembrarlas, sino para ser cómplice de ellas.

Por eso en México, personajes como Brozo tienen presencia y repercusiones políticas importantes. Brozo fue la creación de un equipo cuya experiencia logró mostrar en la televisión una comedia fundamentada en el conocimiento político y el análisis comprometido e informado de la coyuntura mexicana. A comparación de un Chumel Torres, quien sin duda ha sido influyente, pero carece de una disciplina y un conocimiento sólido de lo que sucede en la política del país. “No tiene calle”, se diría coloquialmente. El joven influencer fue un intento forzado, tanto de él como de HBO, por replicar lo que en otros mercados sí saben hacer. Bastó un poco de tiempo para exhibir la falta de preparación de Chumel.

Por el contrario, Jon Stewart, uno de los gigantes de la comedia política en la historia de los Estados Unidos, educó a toda una nueva generación de comediantes, quienes hoy en día lideran al país y revolucionan los formatos de la comedia en televisión, servicios de streaming y redes sociales. Hablamos de Stephen Colbert, John Oliver, Hasan Minhaj, Steve Carrell, Trevor Noah, Samantha Bee, Lewis Black, Ed Helms, Rob Corddry, Michael Che y más. Mientras que otros encontraron en lo que fundó Stewart, la base ideal para sus propuestas, como Seth Meyers, Jim Jefferies o Bill Maher. Stewart por su parte, también tuvo a sus ídolos y precursores como David Letterman, Woody Allen, Steve Martin o George Carlin. Monstruos de la comedia, por lo cual también es injusto comparar a Chumel y la poca histórica de comedia política que nuestra televisión tiene, con personajes como los mencionados. Sin embargo, donde la tele carece, otros medios han brillado abundantemente.

Es necesario nombre a Luis Estrada, con sus más recientes películas: La Dictadura Perfecta, El infierno, La Ley de Herodes y Un mundo maravilloso. Estremecedores filmes de humor negro y con incontables hechos históricos referenciados, que nos hacen pensar en ese viejo dicho en el que ya no se sabe si “reír o llorar”, debido a lo cercano que son los mundos y escenarios representados por Estrada en nuestro día a día.

Como decía al comienzo, si las generaciones más jóvenes son quienes han encontrado en la comedia política su mejor medio de consumismo político, es por la educación que reciben a través de las diferentes propuestas. Pero lo ideal sería que el show, la película, el libro, etcétera, estuviera siempre fundamentado con estudios, opiniones, documentos e investigación; y no sólo sea la opinión de quien se cree digno de dictar una opinión, sino que se debe exigir una propuesta útil y sólida, con potencial de crecimiento y trascendencia. Incluso para llegar a ser un referente político. +

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