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Claudia Piñeiro, la única voz latina en el festival de escritores de Jerusalén

La novelista argentina Claudia Piñeiro se ha convertido estos días en la voz hispana del III Festival Internacional de Escritores de Jerusalén, una cita literaria que se consolida y que ha congregado esta semana en la ciudad santa a más de 60 autores israelíes y de varios países del mundo.

De hecho, la presencia de Piñeiro propició que el español tuviera un papel destacado en la ceremonia de inauguración del encuentro, al decidir sus organizadores que la escritora leyese en el idioma de Cervantes un pasaje del Quijote, que calificaron como "la mejor novela de todos los tiempos".

En una entrevista en las colinas frente a las murallas de la ciudadela de Jerusalén que acogen los debates del festival, Piñeiro reconoció que grupos propalestinos le pidieron que no participase en el evento, como les suele suceder a otros artistas e intelectuales extranjeros.

"Una está cómodamente viviendo en otra realidad y no te imaginas que haya gente a la que le pueda molestar que vayas a un determinado país por una cuestión literaria", explicó la novelista, dos de cuyos libros han sido ya traducidos al hebreo y otro más lo será en breve.

Piñeiro considera que "como escritor, uno debe de estar por encima de eso" y resalta que "justamente el movimiento artístico aporta lo que puede estar faltando en determinados momentos".

"Es como si nosotros, cuando la dictadura en Argentina, hubiésemos pretendido que nadie viniese por eso, o porque a uno no le guste el Gobierno de turno", recalca.

En cualquier caso, a su juicio, el conflicto entre israelíes y palestinos es "algo verdaderamente difícil de solucionar", ya que todas las partes, en su opinión, "deben perder algo para poder ganar" pues "no se va a poder dejar conforme a todos jamás".

Desde que a principios de los noventa, decidiese dejar un "aburrido" trabajo de gerente administrativa para presentarse a un premio de novela erótica en España, Piñeiro se ha convertido en una de las voces más destacadas de la literatura argentina actual.

Aunque no ganó ese premio literario, quedó entre las diez finalistas y eso fue "el primer espejo" que le devolvió reflejada la posibilidad de que podía llegar a ser novelista.

Sin embargo, nunca llegó a publicar aquella primera novela erótica, que le animó a convertirse en escritora, pero que tiene olvidada "en un cajón para la descendencia".

Desde entonces, el armazón de la novela negra le ha servido para buscar lo que después tienes "ganas de contar que es otra cosa" al margen de la trama policial.

"Otras cosas" que van desde la crítica a los nuevos ricos que han hecho fortuna en los últimos años en Argentina hasta la reflexión sobre los problemas del periodismo en el siglo XXI, que aborda en su última novela "Betibú".

"Sin las herramientas del periodismo tradicional, una persona que se está formando se va a quedar muy en la superficie, pero no hay ninguna duda de que hay que incorporar las redes", afirma la también columnista, que se dice de una generación "bisagra" en ese sentido.

Nacida en 1960, piensa que si no incorporase a su vida cotidiana la red, "ese aleph donde está todo lo que pensó Borges" o las últimas aplicaciones de comunicación no solo tendría problemas para trabajar sino para comunicarse con sus tres hijos adolescentes, que solo responden a los "what's up".

Piñeiro señala que su proceso creativo comienza siempre con una "imagen disparadora" de uno de los personajes, que se instala en su cabeza y que deja reposar durante un tiempo hasta que se aclara.

La estructura de novela negra es para ella una consideración "a posteriori", salvo en el caso de "Betibú", a la que concibió de género desde el inicio, aunque admite que se siente "muy cómoda" en la osamenta policíaca para contar lo que realmente desea.

En este terreno, se siente deudora de los grandes maestros del género norteamericanos como Raymond Chandler, Dashiell Hammett u Horace McCoy, aunque fuera de él, si tiene que elegir a un escritor argentino se queda con Manuel Puig, "porque se mete como detrás de las puertas, en las siestas, en ese mundo de lo oculto, de las mujeres que hablan, cuchichean y critican".

Piñeiro, de padre y madre gallegos, siente que hizo lo que tenía que hacer cuando decidió dejar su monótono empleo para volcarse en escribir las imágenes que se instalaban en su cabeza.

"Hay como una cosa que te centra en un eje y mi eje está en la literatura", concluye.

 

Entrevista de Claudia Piñeiro con Mascultura, durante su visita a México.

Imagen: La escritora Claudia Piñeiro.
Jerusalén, 17 may (EFE)

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