8 1/2 de Fellini: la memoria sin remordimientos

Un hombre que parece estar en plena crisis creativa comienza a recordar. La memoria le trae de vuelta los momentos más felices y completos de su existencia. Las mujeres que lo han acompañado hasta ahora desfilan frente a él con el encanto de las musas, del pensamiento que baja desde el Olimpo para hacernos actuar y hacernos creer que es por cuenta propia.

Ese hombre es un artista. Ese hombre es pleno. Ese hombre es un conquistador, no de mujeres, sino de la vida misma. Esa es la base de 8 1/2 uno de los clásicos de Fellini por varias razones. Es completamente autobiográfica y relata lo que para muchos representa su lado oscuro: la infidelidad, el egoísmo, la bohemia irresponsable. Y sin embargo, Fellini consigue acomodar en ella un deseo por la vida que hace transparente su concepción del sexo (un elemento tan natural como el agua, el viento, el fuego); de las mujeres (las mensajeras entre el artista y el mundo común, la fuente de ideas y la gasolina del motor vital que es el sexo); del cine (un vehículo de expresión, a veces el único válido para este artista atribulado.

Lo interesante de la visión del artista que plasma Fellini en 8 1/2 es que, a pesar de que a veces parece la lista de los pecados de un mortal, no se trata de una confesión. Lo que vemos en la película es el recuento de sus mejores momentos, los cuales resucitan, sin quererlos de vuelta. 8 1/2 es la película posterior a las “siete y media” que hizo antes; es también esa pausa del recuento; pero no es nostalgia por lo perdido, es felicidad por lo vivido; no es la memoria que llora sino el dibujo perfecto del artista. Por si fuera poco, el reparto es encabezado por Marcello Mastroianni, la música es autoría de Nino Rota y la fotografía es de Gianni di Venanzo.

En 8 1/2 el artista redefine al autor… y viceversa.

Erick Estrada Director editorial de www.cinegarage.com

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