En cada lectura un viaje, con Harperkids

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Dónde guardar un libro gigante

Diego Fonseca

Ilustraciones: Bruno Valass

Aunque no me creas, en algunas ocasiones nuestros sentidos nos engañan. Yo te puedo jurar que no todo lo que vemos y lo que oímos es cierto. Si dudas de mis palabras, veamos un caso que está científicamente demostrado: cuando entras de noche a una habitación y te quedas parado frente a un librero, parece que solo te puedes topar con el silencio. Nada, ni siquiera el cric-cric de los grillos, es capaz de romperlo. Y, por más que pegues la oreja a los volúmenes que ahí estaban acomodados, se mantiene firme, muy firme. Es más, la tranquilidad es tanta que la tentación de dejarlos en paz no se tarda mucho en aparecer. La seguridad de que los libros son objetos inanimados parece ser verdadera, absoluta y, por supuesto, no se puede poner en duda. Sin embargo, esta manera de ver y escuchar está completamente equivocada.

Algunos, los que no son capaces de darse cuenta de lo que de verdad está pasando delante de ellos, se regresan a su recámara y se vuelven a dormir. Pero también hay otros: los que se atreven a tomar los libros y son capaces de descubrir sus secretos. A los cuentos no les gusta mantenerse escondidos y tampoco les parece bien estar siempre callados, por una razón muy simple: las historias son libres y sus voces comienzan en el preciso instante en que los ojos comienzan a recorrerlas para llenarnos la cabeza de palabras e imágenes. Efectivamente, en el silencio de los libreros se esconden las voces de las personas que las escribieron.

Ten en cuenta todo esto cuando te regalen un libro: él no puede quedarse guardado y callado, necesita ser tocado y leído, pues su autor siempre está dispuesto a contarte sus historias. Tú y el libro, aunque estén callados, platican sin que nadie se dé cuenta. Y esto todavía se nota más cuando se trata de uno grande, tanto como un gigante, donde quepan indios con sus arcos y flechas, cabalgando sobre los potros más impetuosos en una pradera interminable del planeta púrpura.

En Dónde guardar un libro gigante, Diego Fonseca reunió muchísimos cuentos de todos colores y sabores: algunos son colorados como las sandías que se parecen a las sonrisas; otros, alegres como el naranja que te invita al relajo; y, por supuesto, tampoco faltan los grises como la melancolía, marcados por el verde de la esperanza y el azul de la tranquilidad. Por si esto no fuera suficiente, este volumen tiene un montón de ilustraciones que te obligan a abrir los ojos: todas son de Bruno Valasse, quien también lo llenó de maravillas.

¿Estás listo para abrir Dónde guardar un libro gigante? Diego y Bruno te están esperando. Tan solo esperan que lo tengas en tus manos para platicar contigo y llenarte de historias e imágenes que nunca podrás olvidar.

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Los osos no leen

Emma Chichester Clark

Desde hace muchos años, Emma Chichester Clark ha sido la creadora de muchos libros. Esto, que a golpe de vista parecería más o menos común –pues qué otra cosa hacen los escritores además de llenar páginas–, en su caso tiene la digna peculiaridad de ser considerada: ella, además de las letras, es una ilustradora que ha mostrado sus maravillas en sus novelas gráficas y en sus libros para niños y jóvenes. Los osos no leen no escapa a esta cualidad suya: todas las palabras y todas las imágenes son suyas.

Emma cuenta aquí una historia a la que vale la pena asomarse. George es un gran oso pardo que no la pasa tan bien haciendo lo que siempre hace. Pasarse los días y los años platicando y pescando no es suficiente para él. Para acabar pronto: la monotonía lo tiene harto. Un buen día, encuentra un libro en un árbol y descubre que su vida puede cambiar si aprende a leer. Pero entonces empiezan los problemas. En el bosque no hay nadie que pueda enseñarle y a George no le queda más remedio que ir a la ciudad para encontrar un maestro.

Ahí, en la ciudad de los humanos, George encuentra a Clementina y… el final de los cuentos nunca debe contarse, el secreto de lo que ocurre solo puede ser descubierto por las personas que los leen y, en este caso, si quieres enterarte de qué le pasó a George, tienes que adentrarte en las páginas de Los osos no leen.

Pinocho contado por Pinocho

Michael Morpurgo y Emma Chichester Clark

Tú y yo lo sabemos: Pinocho es la marioneta más conocida del mundo y, por supuesto, desde hace tiempo es la estrella de muchas películas. Hasta aquí no habría nada extraño, es más, tú eres una de las muchísimas personas que conocen y han disfrutado sus aventuras. Sin embargo, en este momento vale la pena que te hagas una pregunta: si la historia de Pinocho siempre la han contado otros que no son él… ¿dijeron la verdad?

Ni tú ni yo conocemos lo que de verdad le pasó a Pinocho. En realidad, él es el único que lo sabe. ¿Qué pensarías si comenzara a contar él mismo lo que sucedió? Es más, que pasaría si tú abrieras un libro y pudieras leer las siguientes palabras: “Mi nombre es Pinocho. Creo que debo ser la marioneta más famosa que el mundo ha conocido. Pero soy algo más que madera e hilo. Yo soy yo. Así que ha llegado el momento de que yo, Pinocho, cuente mi historia…”.

Si quieres descubrir la verdadera historia de este personaje, solo tienes una manera de lograrlo: leer Pinocho contado por Pinocho, de Michael Morpurgo y Emma Chichester Clark, la ilustradora de Los osos no leen. Sin duda alguna es un libro que te dará muchas sorpresas y te permitirá conocer lo que muy pocos saben.+

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