EL PODER DE LOS LIBROS. ENTREVISTA CON CLAUDIA MARCUCETTI

Con las entrevistas se abre la oportunidad de acceder a una parte íntima de las personas: sus gustos, sus intereses. Las entrevistas, en otras palabras, son una puerta a la vida de la gente que se sincera con los lectores o interlocutores. Claudia Marcucetti hace lo propio con estas preguntas que nos responde, a partir de sus conversaciones con artistas en México, que compila en su libro De lecturas y vidas: 80 entrevistas sobre el poder de los libros (Ediciones B).

De los escritores, cineastas y artistas que has entrevistado, ¿hay alguno que admires?

Respeto y admiro, por lo menos en algún aspecto, a todos los entrevistados, incluso a los que no pudimos incluir en el libro por motivos de espacio, pero mencionaré tres casos admirables que descubrí a partir de mis entrevistas. De la escritora Guadalupe Nettel, admiré su lucidez y la sinceridad con la que me compartió tres historias, igual de íntimas y conmovedoras, sobre su vida. Del escritor Martín Solares admiré su capacidad de cambiar toda su vida por amor a una mujer. De la filósofa Ruth Troeller, admiré su entereza y su valentía al haber publicado su primer libro a los 98 años y también por haberse enfrentado a André Malraux, su gran amigo, cuando éste –ya como ministro de Francia– reprimió a los estudiantes en 1968.

¿Cuál crees tú que sea el poder de los libros en un país como México?

Creo que el poder de los libros es universal y depende de cada quien. Digamos que a México le pasa con los libros —tanto los que se escriben como los que se leen— lo mismo que con todo lo demás: no explota al máximo el potencial que tiene.

Las dos preguntas obligadas: ¿Qué libro cambió tu vida?

Son trece y escribí un libro al respecto, que no he publicado ni sé si voy a hacerlo. Es una especie de biografía a través de mis lecturas. Hay libros tan variados como El Atlas, de Ayn Rand, o A puerta cerrada, de Jean Paul Sartre, pasando por Un hombre, de Oriana Fallaci. Es difícil escoger uno, como lo fue para todos los entrevistados, pero en honor a que ellos lo hicieron voy a elegir al de Fallaci; fue el primer libro que me enamoró profundamente de su protagonista e hizo cuestionarme muchos de mis valores y creencias.

¿Qué es la lectura para ti?

Una compañera de búsqueda. Creo que el ser humano vive en constante búsqueda, en constante movimiento, y si bien la lectura no necesariamente proporciona respuestas —ni encuentra caminos nuevos— sí es una herramienta útil y valiosa, en el proceso de encontrarlos.

Entrevistas también a cineastas como Berman y Hari Sama. Más o menos en ese mismo sentido, ¿qué película cambió tu vida?

Si se trata, como en mi libro, no de decirte mi película favorita, —que sería probablemente Novecento y Gattopardo, soy fan de Bertolucci y Visconti— si no de encontrar una película que me moviera a hacer algo que no hubiera hecho de no haberla visto, tendré que hablar de El ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica. La vi de niña, durante uno de esos veranos que pasaba en casa de mis abuelos, en un pueblo del norte de Italia llamado San Daniele del Friuli. Ellos no tenían auto y nos movíamos en bicicleta. Recuerdo que después de haber visto la peli yo olvidaba —a propósito— ponerle el candado a mi bici. No sé, era como algo inconsciente. Ahora, pensándolo mejor, tal vez  creía que si alguien la necesitaba tanto como para robársela, pues que se la llevara… El chiste me duró hasta que la abuela descubrió “mi descuido” y me dijo que yo era responsable de mi bicicleta, y que de perderla me iría a pie…

Hari Sama dice en su respuesta que la literatura prácticamente le salvó la vida. ¿En qué momento a ti, si bien no sólo la literatura, sino incluso el arte en general, ha salvado tu vida?

No sé si fue salvarme la vida, más bien cambió drásticamente su rumbo: escribí Los Inválidos, mi primera novela. Estaba en un momento de crisis personal, acababa de dejar mi profesión, la arquitectura, a mi esposo y a mi socio. Viajé a París para tomarme un periodo sabático y comencé a escribir, a manera de escape de la realidad. De ese modo vivía en un mundo alterno, imaginario pero mucho más acogedor del que me rodeaba. Me encerraba en mi departamento con cientos de libros, las novedades literarias francesas de autores como Nothomb, Beigbeder, Delerm, Pille y por supuesto algunos clásicos como Balzac, Maupassant, Saint-Simon, etc. Fue un encuentro cercano con la literatura, tanto la que leía como la que, a consecuencia, escribí.

Una cosa es hablar del poder de los libros, pero ¿qué opinas de los libros del poder?

El poder es la capacidad de lograr algo y considero que tiene una connotación positiva. El problema es cuando se usa, o más bien se abusa de él. Como lo dijo en su artículo “La importancia del Narciso” en El país, Zepeda Patterson, en política hay una gran diferencia entre el poder personal y el uso personal del poder. A menudo sucede que los ciudadanos le otorgamos a nuestros gobernantes el poder de ejercer en nuestro nombre y ellos lo ejercen para su conveniencia. Cualquier libro que denuncie estas fallas es bienvenido. Ahora, los libros que intentan empoderar a sus lectores —es decir los libros de superación personal— si bien hay algunos que pueden ser útiles, hay también mucha charlatanería y por eso siempre les he tenido aversión.

¿Qué estrategia crees que sea la conveniente para que la gente que difícilmente lee, ya sea por falta de tiempo, de dinero o interés, se acerque a los libros, y éstos tengan la oportunidad de cambiarles la vida?

Este proyecto, Cambio Literal, la capsula televisiva de la que se desprendió el libro De lecturas y vidas es mi pequeño granito de arena. Pensé que tal vez comprobar que la lectura tiene, de algún modo, aplicaciones prácticas a la vida de cualquier persona puede generar curiosidad y, eventualmente, invitar a la lectura a gente que normalmente no la practica.

En términos de estrategias generales, muchos dicen que hacen falta recursos, pero yo veo que se realizan numerosas iniciativas y campañas, tanto públicas como privadas —las de Gandhi me encantan por cierto— y no es fácil lograr el objetivo. Algo se logra, es cierto pero creo que mientras no logremos, como país, elevar el nivel sociocultural, así como procurar la seguridad de la mayoría de los mexicanos, es difícil realmente avanzar en el tema.

FOTO DE: La voz libre.

MasCultura 05-jun-17

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