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El Barbican recupera el espíritu anárquico y crítico del Nueva York de los 70

El centro Barbican de la capital británica recupera ahora el espíritu anárquico del Nueva York de la década de los 70 del siglo pasado a través de tres figuras pioneras de la vanguardia artística de aquellos años: Gordon Matta-Clark, Laurie Anderson y Trisha Brown.

A finales de los años 70, mientras Andy Warhol producía sin cesar serigrafías y películas y daba fiestas en su "Factory" de la Union Square, a pocos bloques de allí, un grupo de músicos, cineastas, bailarines y otros creadores convertían una zona deprimida de SoHo en escenario de sus experimentos artísticos.

Era, como recuerda la "curator" de la exposición londinense, Lydia Lee, un viejo barrio industrial que había albergado hasta unos diez años antes plantas textiles y fábricas de industria ligera, pero que estaba ya casi totalmente abandonado.

Politizados por la guerra de Vietnam y los movimientos de los derechos civiles y estudiantiles, esos artistas dieron vida a su comunidad, abriendo espacios donde exponer y donde llevar a cabo sus performances, a caballo entre distintas disciplinas.

Tres de aquellos artistas tenían entre veinte y treinta y pocos años: Brown llevaba diez años viviendo en Nueva York y se había hecho ya un nombre como bailarina y coreógrafa, Matta-Clark acababa de terminar sus estudios de arquitectura en la Universidad de Cornell y Anderson, la más joven, estudiaba escultura en la Universidad de Columbia.

El Barbican, considerado el mayor centro de artes interpretativas de Europa, reúne hasta el 22 de mayo en su sala de exposiciones a esas tres destacadas figuras, tan representativas de un período de extraordinario afán experimentador, energía creativa y espíritu colectivo.

Como recordaba en cierta ocasión Laurie Anderson, "el Nueva York de los años 70 era como el París de los 20, y yo formaba parte de un grupo de artistas/pioneros (…) Trabajábamos con frecuencia unos en las piezas de otros y los límites entre las formas artísticas eran borrosos".

El neoyorquino Gordon-Clark (1943-1978), hijo del gran pintor surrealista chileno Roberto Matta y la artista estadounidense Anne Clark, aunque estudió arquitectura como su padre, es conocido no por sus construcciones, sino por sus intervenciones en edificios abandonados, de los que removía mediante cortes casi quirúrgicos secciones de techos, paredes o suelos.

En la exposición pueden verse fotos de esas intervenciones y algún ejemplo real como las cuatro esquinas del tejado de una casa o varias secciones de suelos, que parecen collages escultóricos, además de una serie de delicados dibujos preparatorios de una performance en el Vassar College, en la que Matta y otros jóvenes treparon por un gran árbol equipado con escalas, columpios y lonas.

Trisha Brown, una de las más aclamadas coreógrafas de danza moderna, fundadora de la compañía que lleva su nombre, está representada en la exposición por algunas de sus primeras creaciones experimentales, que ejecutan directamente en las sala central de la galería un grupo de bailarines.

Entre ellas destacan la titulada "Walking on the Wall", en la que los bailarines, colgados del techo, caminan sobre una pared en paralelo al suelo o "Planes", en la que los tres ejecutantes trepan como arañas por una pared sobre la que se proyectan simultáneamente imágenes aéreas de los rascacielos neoyorquinos.

También puede verse en el Barbican su creación "Floor on the Forest", en la cual los bailarines, deslizándose horizontalmente por unas cuerdas, entran en una serie de prendas atadas a unos tubos metálicos para luego salir de ellas, como si se vistiesen y desvistiesen conforme avanzan.
Igualmente famosa es la difícilmente clasificable Laurie Anderson, cantante, violinista, artista experimental y muchas cosas más, que inventó una especie de violín electrónico que utiliza en sus shows, un extraño instrumento con un cabezal magnético y en el que una cinta de audio sustituye a las cerdas del arco.

Además de documentar en vídeo algunas "performances", la exposición reúne fotos de su serie "Institutional Dream" (1972), que la muestran durmiendo en distintos lugares públicos de Nueva York en un intento de determinar si cada uno de ellos influía en el contenido de sus sueños.

Londres, 2 mar (EFE).

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