LOS SIETE SAMURÁIS: una guerra perdida

A casi 10 años de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, Akira Kurosawa entregaba a su país y al mundo una de las grandes obras del cine, Los siete samuráis, una historia primaria y humana que de la cual se elaboraron varias adaptaciones (Los siete magníficos, Bugs, capítulos especiales de series de tele y obras de teatro) a lo largo y ancho del planeta.

Una villa de campesinos que vive del arroz es asolada periódicamente por un grupo de bandidos que tras robarse la comida, escapan hacia otras villas para repetir la operación. Los campesinos deliberan; el anciano del pueblo aconseja que se contraten a varios samuráis para que los defiendan. La decisión no es del todo bien vista: violentar las cosas puede traer consecuencias no planeadas y, como dice uno de los campesinos, ¿qué pasará si se quieren quedar con nuestras mujeres?

Al final se decide la contratación de siete samuráis a quienes pagarán con comida. Los guerreros también le enseñan a los propios campesinos sus tácticas de combate convirtiendo una pequeña y pacífica villa en un campo de batalla en donde, curiosamente, todos pierden.

Cinematográficamente la cinta es casi perfecta, con un manejo del encuadre que dejaría inválida cualquier argumentación a favor del cine contemplativo -hoy tan de moda- y con un discurso visual que hace palidecer cualquier absurda postura a favor de vacas sagradas como, digamos, el hoy infame Lars Von Trier.

Sin embargo, lo que más me llama la atención es su discurso pacifista a pesar de tratarse casi de una cinta épica, elaborado además con sutilezas en el guión que incluso transforman la visión inicial de los campesinos conforme la película avanza.

Con varios personajes arquetípicos (el tonto del pueblo, el miedoso, el héroe, el novato, el joven aprendiz) en su historia, Kurosawa parecía lamentarse de la participación ciega y necia de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Sus samuráis —combatientes a sueldo, soldados que matan para sobrevivir— son lastimados, vejados y finalmente ignorados. La acusación de que los antiguos defensores del honor se han convertido en mercenarios sabiendo que no tienen nada que ganar, parece ser una argumentación en contra de ese Japón militarista, imperial y obstinado que llevó al país a padecer un bombardeo nuclear. Y sin embargo, la historia transcurre en el lejano siglo XVI. A eso se le llama cine universal.

Los siete samuráis de Akira Kurosawa en Gandhi

Por: Erick Estrada www.cinegarage.com

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