Le creo más a la ficción que a la historia

¿Quién no ha escuchado antes la frase “la historia la escriben los vencedores”? A partir de esta idea han surgido una serie interminable de discusiones que cuestionan la veracidad de la historia. Podemos estar de acuerdo o no, pero la verdad es que los que no nos dedicamos a la historia, sino a la vida mundana, son más las veces en que pactamos creerle a una obra literaria o, incluso, a una buena anécdota contada, que a la propia historia.

“Un sueño de Bernardo Reyes” es una obra difícil de clasificar, no por los datos históricos que la acercan a un libro de investigación historiográfica –que sin duda la tiene–, ni tampoco por el tratamiento de su tema, que cabe en la narración literaria. Sino por esas pequeñas aristas que van de una a otra disciplina. No es la primera vez que Ignacio Solares nos presenta un libro de ficción inteligentemente armado con detalles y anécdotas de la vida de un personaje que pasó a la historia.

Solares nos permite entrar en el pensamiento y en las emociones de Bernardo Reyes, y quien lo dude ¿podrá realmente refutarlo?, para conocer los motivos y las decisiones por las cuales, quien fuera el gobernador de Nuevo León, cayó sin planearlo en su propio suicido. Si ubicamos a Bernardo Reyes como “el único que podría suceder en el poder a Porfirio Díaz”, o como el padre del gran escritor Alfonso Reyes, sustento de la literatura mexicana, “Un sueño de Bernardo Reyes” nos muestra un panorama mucho más amplio de dicho personaje, y también de su legado. Hombre de excesos, se podría decir, desde su desmesurada lealtad al general Díaz hasta la imagen en extremo pulcra –murió con calzones nuevos y recién lavados– que dejó de sí el día de su muerte. Excesos que Solares marca similares a los de un Don Quijote que “cabalgaba a la deriva”, “en la monumental tarea de reconstruir la nación”.

Pero no todo gira en torno a su relación con Díaz, aunque es en mayor medida la que motiva la obra, gran parte de la lectura se encuentra dirigida a establecer cómo fueron o pudieron ser esos lazos que tuvo Reyes padre, con sus hijos Rodolfo y Alfonso. Podemos inferir la profunda influencia que ejerció sobre Alfonso en las letras –está presente en gran parte de su obra, y particularmente en Oración del 9 de febrero, texto que escribe a la muerte de su padre–. Bernardo Reyes, el militar, hombre rígido, pero flexible con su presidente, regaña –y hasta en esto demuestra la sensibilidad literaria que lo caracterizaba– en una ocasión a Alfonso cuando lo acusa de haberse vuelto un hombre malo: “–¡Calla, blasfemo! ¡Los que no han vivido las palabras no saben lo que las palabras traen dentro!”

Por su parte, con Rodolfo –según se ha dicho, su favorito– comparte la carrera de vida, y quizás es con este con quien establece una de las escenas más conmovedoras de la obra de Solares, la muerte, su muerte, en brazos de su hijo. La muerte vista no desde la perspectiva del que queda vivo, sino del que está muriendo por su patria, del que se ha suicidado políticamente, pero también del que se va entregando poco a poco al final de lo que en vida ha forjado, la esperanza de una patria en paz, en progreso, que vendrá más allá de lo que él podrá ver. Y es que la muerte de Bernardo Reyes se convierte en una preciosa metáfora de sus ideales, pues se interpone entre las balas y su hijo para salvarlo, y tal vez es su hijo, el hijo de todos nosotros, el que salvará a la patria.

La historia de Bernardo Reyes, esta historia, es sin dudas tan verdadera como cualquiera que haya acontecido. Ignacio Solares nos llama a reflexionar sobre lo que no se cuenta en la historia, sobre las posibilidades de un hombre que, pese a sus decisiones políticas, dejó una semilla profusa en sus hijos y en la vida política del país. De este modo, “Un sueño de Bernardo Reyes” nos cuestiona, y cuestiona al propio Bernardo, si esta es la historia que estamos determinados a dejar cuando nos alcance la muerte.

Por: Perla Holguín

Imagen: Portada del libro “Un sueño de Bernardo Reyes”, de Ignacio Solares.
Mascultura 24-Feb-14

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