¡QUE VIVA MÉXICO! La raíz del cine mexicano

Pareciera imposible ir más atrás. Sergei Mikhailovich Eisenstein no solamente fue el aglutinador de la famosa gramática cinematográfica y el teórico más importante de lo que a la fecha se conoce como el montaje, elementos ambos que dan forma y comunican el fondo de toda película con que nos topemos.

Si lo vemos así, rápidamente, puede considerársele también el esteta que pintó los márgenes de lo que sería la enorme fotografía en la famosa época de oro del cine mexicano y muchos de los temas que en esa etapa se desarrollaron.

Eisenstein fue invitado a finales de los años 20 del siglo pasado a pasar una temporada en México, oportunidad que el cineasta aprovechó para venderle a su mecenas, Upton Sinclair, la idea de hacer una película sobre la historia de México, país del que el genio ruso estaba profundamente enamorado. Las cosas se dieron y muy pronto Eisenstein se encontraba viajando por México filmando varias historias a la vez, cada una de ellas dedicada estéticamente a un muralista mexicano. Ellos, los pintores, prestaban al mismo tiempo asesoría técnica al ruso para que lo expresado tuviera por un lado, congruencia con la política cultural del país de los años 30 y por el otro, para que el gobierno estuviera tranquilo con las ideas expresadas por el ruso a través, precisamente, del poderoso montaje cinematográfico.

Muchos conocen la historia. Por múltiples factores la película se malogró y trozos de todo lo recolectado por Eisenstein pasaron a formar parte de documentales sobre México y cápsulas de promoción turística que incluso hoy cumplen mejor su papel (sin haber sido diseñadas para ello) que los promocionales oficiales de las autoridades encargadas del turismo.

En el dvd que hoy recoge lo que el asistente personal de Eisentein, Grigori Aleksandrov, interpretó de lo que de la película pudo rescatarse, se ven esbozadas las historias que se querían contar. Lo que queda claro es que habiendo utilizado todo el talento de su fotógrafo de cabecera, Eduard Tisse, y habiendo invitado a un muy joven Gabriel Figueroa a plasmar los paisajes que buscaba; reinterpretando los trazos y los volúmenes de los muralistas mexicanos de la época; inmortalizando el orgullo de la raza mexicana en sus encuadres que dibujaban perfiles ya fuera de seres humanos, de la arquitectura urbana o rural de México o de paisajes con magueyes y gigantescas nubes, Eisenstein se convirtió involuntariamente en la raíz de ese cine que inmortalizó a México, le dio temas y reflexiones a tantos otros directores mexicanos que comenzaron a trabajar inspirados por sus historias, le dio peso al espíritu de un cine que balbuceaba entonces y que incluso fotógrafos como Paul Strand ejercitaron (descifrando la influencia mutua, por supuesto) en otras películas tan importantes como Redes.

Si alguien quiere, necesita o siente curiosidad por los otros orígenes del cine mexicano, debe tener y ver hasta memorizar las imágenes que Sergei Mikhailovich Eisentein dejó en su película inconclusa ¡Que Viva México!

 

Por: Erick Estrada www.cinegarage.com

Imagen 1-2: Fotograma y portada de la película !Que Viva México¡.
Mascultura 02-Dic-11

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