LA TEJEDORA DE SOMBRAS, una novela de amoríos prohibidos

Hay golpes en la vida de los que uno difícilmente puede recobrarse. Golpes sorpresivos que logran hasta noquearnos. Tarde o temprano caen y, sin duda, hay alguno en el currículum de cualquiera de nosotros.

Jorge Volpi, autor de La tejedora de sombras, ganador del V Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa 2012 cuenta la historia de Christiana Morgan y Harry Murray, dos enamorados que arriesgaron todo, sin importar los golpes e infortunios de su adulterio, con tal de llegar a consagrar su amor absoluto.

Christiana Morgan, sicóloga de la clínica de Harvard, es una mujer que, al inicio de la novela, se retrata en las postrimerías de su vida. Está casada con William Morgan, es amante del psicólogo Harry Murray y paciente de Carl Gustav Jung; se aferra a encontrar el significado de las visiones que le han acaecido desde los quince años, por lo que se dedica a dibujar las imágenes de sus trances y hacérselas llegar a Jung, quién, a partir de ellas, emprende un análisis en su seminario de investigación, el cual causará un descontento entre ambos psicólogos.

Para Christiana, el amor absoluto es ese milagro que sucede en un instante, en un fugaz reconocimiento de las miradas, como cuando caminas por la calle rumbo al trabajo y en sentido contrario te ven unos ojos efímeros o mientras abordas el metro en hora pico y quedas frente a frente con esa persona que te dice todo por medio de una sonrisa.

Sin embargo, el amor duele y, a veces, pasas más tiempo de angustia y monotonía que de felicidad. O peor aún, comienzas una carrera rumbo a la autodestrucción. Esto es lo que les sucede a muchos de los personajes de la novela. Bastaron unas palabras de Christiana, en un paseo bajo la lluvia, para condenar a Will a la decadencia: “Lo hicimos ayer por la noche” dice, y al no obtener respuesta de su marido y asqueada de su autocontrol, repite: “Lo hicimos ayer por la noche”. Él responde: “¿Y ahora qué quieres que haga?” Éste fue el golpe que dio inicio a la caída de Will e, incluso, la de Jo y de los mismos Harry y Christiana.

La tejedora de sombras es un cuidadoso bordado de lo que fue el secreto a voces de la relación de ambos sicólogos, del sufrimiento de sus respectivos matrimonios, William y Josephine, y de un constante tránsito de amantes que representan capítulos de sus vidas llenos de celos y desesperación: el filósofo Ralph Eaton, quien se enamora enfermizamente de Christiana, o Ken, un hombre inseguro cuyo cariño concluye en una peculiar venganza en la casa de ella.

¿De qué manera impedir que la relación de dos seres casi predestinados a estar juntos se convierta en sólo una infidelidad más? ¿Cómo hacer funcionar la díada, esa unión íntima de dos personas, cuando son más de cuatro los que se involucran en la travesía que Harry y Chirtiana deciden emprender?

La sentencia “lo hicimos ayer por la noche”, espetada por la protagonista, es el golpe que arranca con el intento de responder a estas preguntas, fue el origen de una vida llena de felicidad miserable, de remordimientos y de goces desenfrenados. Fue, también, el deseo por mantener un amorío prohibido que desencadenó una sensación de vacío en Christiana: “Y me siento aún más miserable por no saber hacia dónde nos dirigimos. Estamos perdidos. Dios, ¡qué miseria estar perdidos!”.

Por: Rolando R. Vázquez

Imagen: Portada del libro La tejedora de sombras de Jorge Volpi.
Mascultura 19-Abril-12

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