Temas inapropiados para adolescentes: EL ROSTRO DE SARA, de Melvin Burgess

A pesar de esa cara de loco que pone en sus fotografías (o quizás por ese motivo), Melvin Burgess es un tipo que parece gustarle a los jóvenes. A mi parecer, no en poco contribuye el contenido polémico de sus novelas, en donde el autor evita los eufemismos al momento de tratar el sexo, las drogas o la violencia. En contraparte a una literatura que ha disfrazado el despertar hormonal con imágenes de chicas que se enamoran de vampiros, Burgess ha preferido una fotografía casi documentalista de lo que significa ser adolescente en nuestros días (su novela Junk relata la adicción a la heroína y Doing It describe el sexo entre menores).

Para Burgess, dirigirse al universo de los jóvenes conlleva elegir una de dos posturas: a) protegerlos del mundo que les rodea, b) considerar que deben estar capacitados para tratar con ese mundo. Una simple revisión de sus títulos (Lady: mi vida de perra, Mata a todos tus enemigos) nos sugiere que es, no sin una evidente voluntad provocadora, un abierto simpatizante de este último punto de vista.

En El rostro de Sara, Burgess aborda otro de esos temas que bien podría erizar la piel de un adulto conservador: la historia de un crimen donde se mezclan la obstinación juvenil por la celebridad, los daños corporales, el fanatismo y las cirugías plásticas. Sara Carter tiene 17 años, padece de anorexia y tiende a ver fantasmas. Quiere asimismo lograr la fama a como dé lugar (y es una chica decidida: si su novio opina que es una wannabe, ella responde que en realidad es una gonnabe: alguien que va a obtener eso que quiere).

El otro protagonista de este libro es Jonathon Heat, la legendaria estrella de rock, cuya longevidad ha sido apenas disimulada a través de constantes transformaciones faciales. Se rumora que tantas operaciones estéticas han dejado su rostro al borde de la descomposición y han orillado al cantante a llevar una máscara de sus propias facciones juveniles, convirtiéndolo en una suerte de caricatura de sí mismo.

Los destinos de Sara y Jonathon se cruzan el día en que la chica llega al hospital con señales de quemaduras en la mejilla. Ella afirma que se trató de un accidente, pero hay evidencias de que llevan a pensar que se trata de lesiones autoinfligidas. Jonathon ve a Sara y reconoce en el rostro de la joven su propia cara de épocas pasadas. El rockero se muestra conmovido por la historia de la chica y le ofrece curar sus cicatrices si ella acepta irse a vivir con él a la Granja Home Manor, la mansión donde Heat ha instalado un centro de cirugía particular.

Sara no va a desaprovechar la oportunidad de estar al lado de la más grande estrella de la música y accede a la propuesta. Encerrada en la mansión, el lector empieza a adivinar que las auténticas intenciones de Heat son apoderarse del rostro de la chica, ayudado por el demente doctor Kaye, quien ya ha enfrentado cargos por violación al código de ética médica. Pero en esta historia nada está por completo claro: quién es la víctima y quién el victimario, quién se está aprovechando en realidad de quién.

Escrita con la supuesta objetividad de un reportaje pero también con la ambigüedad propia de un thriller, El rostro de Sara se muestra como la reconstrucción de hechos que realiza el novelista a través de la evidencia disponible: los periódicos, sí, pero también las accidentadas entrevistas con algunos de los involucrados (a excepción de los dos personajes principales: Heat y Sara, que como admite el autor, han resultado ambos elusivos, manipuladores, “maestros del disfraz”).

Sara ha dejado su testimonio en forma de un diario en video al que el escritor ha tenido acceso, pero en el que tampoco puede confiar, porque, ¿hasta dónde creerle a una chica que miente respecto a sus heridas y ve fantasmas de mujeres sin rostro?

Esta reescritura del cuento de Barba Azul, con sus narradores poco fiables y sus escenas detalladamente perturbadoras, intenta exponer con horror hasta dónde llegaría alguien por alcanzar la fama, pero también da la oportunidad de conocer a un autor juvenil que ha construido su reputación a base de tocar temas incómodos. Ante la pregunta “¿Existe algún tema inapropiado para un lector adolescente?”, Burgess ha respondido: “Los lectores adolescentes deben ser capaces de leer cualquier cosa que les interese, y, por supuesto, cuando te estás convirtiendo en un adulto, el mundo de los adultos es la parte más fascinante de la vida”.

Por Eduardo Huchín

Imagen: Portada del libro El rostro de Sara de Melvin Burgess.
Mascultura 20-Sep-12

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