La evolución del mal

Revisar cronológicamente la obra de un director no siempre resulta agradable. En casos menores, uno detecta los estados de ánimo más banales en películas que nunca nos han importado y solamente en algunas ocasiones –un ejemplo sería realizar el ejercicio con genios como Hitchcock– se siente la evolución de una mente maestra. Lo curioso, habiendo mencionado a Hitchcock, es que esa mente maestra suele estar más cercana al científico loco que a un apacible autor que refleja el lado luminoso de la humanidad.

Revisar cronológicamente la obra de un director como Michael Haneke es entrometerse a esa mente del científico loco que año con año descifra las oscuridades de la sociedad occidental, para dejarlas plasmadas en lo que en grupo resultan viñetas crueles y sangrientas, ya que por separado son disecciones precisas y carnívoras de varias de esas oscuridades.

Haneke no retrata en sus películas a “los malos”; él nos dice por qué son así. Nunca pretende entender al suicida; simplemente retrata la circunstancia que se incuba en una mente que quiere quitarse la vida. Haneke no busca entender al cazador, quiere que nos sintamos cazados (por él) al equipáranos con uno.

Sus historias son reflexiones cinematográficas cercanas y profundas, mucho más ligadas a la deconstrucción del medio, que a una sublimación del mismo. No es poesía cinematográfica –a la que Hitchcock se acercaba cada que podía y que podemos discutir cuando ustedes quieran- sino un desdoblamiento del lenguaje del cine que pide en susurros escandalosos, que descifremos la raíz del mal, tan evidente que se vuelve invisible.

Así, en paquete y en orden cronológico, esa inteligencia obsesionada con un mal que suele pasar desapercibido rebela no sus trucos, sino su mecanismo: infalible, insaciable, cruel, caníbal y al mismo tiempo admirable.

Michael Haneke, una mente maestra del cine contemporáneo.

The Michael Haneke Collection

Por: Erick Estrada www.cinegarage.com

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