Entrevista con Lorenzo Meyer

En "Nuestra tragedia persistente", Lorenzo Meyer explora algunas de las razones por las cuales, en el tránsito de un siglo a otro, no ha cristalizado el gran potencial de cambio en las estructuras de poder en México. A través del correo electrónico, el doctor Meyer respondió a las siguientes preguntas acerca de su nuevo libro, editado por Debate.

¿Cuál fue su objetivo al escribir "Nuestra tragedia persistente"?
Básicamente dejar constancia de la naturaleza del proceso mexicano en este inicio del siglo XXI. Pretendo calificar al régimen actual como un híbrido, una mezcla del viejo autoritarismo que se consolidó bajo el PRI y una presidencia fuerte en el siglo XX y ciertos elementos democráticos que surgieron al final de ese siglo y se hicieron un tanto más evidentes con la derrota electoral del PRI en el año 2000.

En términos generales, ¿en qué hemos fallado como nación para vivir esta tragedia persistente?
La tragedia política mexicana es persistente porque en aquellas coyunturas en que se pudo dar un gran salto hacia la construcción de una sociedad más justa -tras el logro de la independencia, la restauración de la República, el triunfo de la Revolución de 1910 y la derrota electoral del PRI en el año 2000, el resultado final estuvo muy lejos de la promesa inicial. La responsabilidad principal la han tenido los grupos dirigentes que en cada una de esas ocasiones, no estuvieron a la altura del reto. La corrupción es uno de los factores, aunque no el único, que explica el fracaso de esas dirigencias. Por otra parte, la creación de una mayoría ciudadana, que asuma su responsabilidad, ha sido un proceso lento. El clientelismo aún domina en amplios sectores de la sociedad mexicana.

¿Cómo revertir el desánimo y la frustración generados por nuestra democracia fallida?
No hay una fórmula fácil. No queda más que perseverar en la creación de movimientos sociales que empujen a la clase política y a la élite del poder en general, a ceder en la defensa cerrada de sus intereses y permitir una distribución más equitativa de las cargas y los beneficios del proceso productivo.

¿Existen condiciones para el surgimiento de una clase política nueva, ilustrada, con intenciones de servir a México?
La posibilidad ha existido desde hace tiempo, ahí esta el ejemplo de la primera etapa del régimen liberal, durante la República Restaurada o del cardenismo en el siglo XX, pero la debilidad de la sociedad impidió que se diera la reversión.

Dice el libro que sin una burguesía fuerte no puede existir una democracia sana. ¿Cómo fomentar una burguesía cuando en México ser burgués es un calificativo casi siempre peyorativo?
Una auténtica burguesía es capaz de reconocer que está en su interés ceder en algunos puntos, compartir algo de la riqueza generada en común, a cambio de darle viabilidad al régimen, al estilo del New Deal de Roosevelt en Estados Unidos en los 1930, que fue una respuesta ilustrada, inteligente y de resultados muy duraderos a la crisis de la Gran Depresión. A la larga, esa burguesía estará más segura con una redistribución de la riqueza que en un entorno tan polarizado como el mexicano.

¿Qué se puede hacer con partidos políticos tan llenos de sombras y oscuridades que sólo se representan a sí mismos?
Realmente es difícil imaginar una regeneración de los actuales partidos, deberán surgir otros.

Su libro está lleno de ejemplos y referencias históricas. ¿Cuál es el papel de la historia en la actual situación de México?
La historia le puede servir a las sociedades de una manera un tanto similar a la memoria en el caso de los miembros individuales de esa sociedad: una manera de saber quiénes somos, de donde venimos, a que podemos aspirar, que lecciones nos dan los errores y los éxitos del pasado. La historia es un tipo de información e información es conocimiento y el conocimiento nos permite manejar los peligros y las oportunidades de nuestro entorno.
 

Imagen: El historiador y periodista, Lorenzo Meyer.
Mascultura 08-Ene-14

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