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Grunge: la banda sonora de una generación desencantada

Grunge: la banda sonora de una generación desencantada

A finales de los años 80 y principios de los años 90, un movimiento contracultural sacudió la mente de miles de jóvenes de clase obrera. Consistía en mostrar una postura anticomercial que hablara fuertemente para escupir la angustia, el dolor, la furia y el tormento del descontento social, la falta de oportunidades y la poca viabilidad de hacer los sueños realidad: el grunge.

Mariel Argüello

Aunque fue considerado el “hijo bastardo” del punk y del metal, el grunge marcó un antes y un después para la música, por su vehemente repudio al efectismo y la artificialidad. Fue el movimiento de cultura popular distintivo de una buena porción de la Generación X, pues expresaba el pesimismo existencial y una apática rebeldía heredada del no future del movimiento punk, conjugada con el rechazo al consumismo del movimiento hippie.

La ciudad de Seattle se erigió en un microuniverso del que saldrían los grupos más grandes de la década de 1990. Mientras los rockeros de Los Ángeles y Nueva Jersey componían baladas épicas de nueve minutos sobre lluvias de noviembre, y camas de rosas, y hasta los metaleros de San Francisco le entraban a la power-ballad—, otros encontraron cobijo en el rap y el hip hop. Fue una época destacable sin saber la explosión que se avecinaba. Para ese entonces, Nirvana ya había madurado ese bagaje musical sobre esos riffs dilatados de Mudhoney, Pixies y The Melvins que los habían influenciado, creando una obra maestra de la mano de Butch Vig como productor. Nevermind tenía un espíritu punk y fue el disco que transformó a regañadientes a Kurt Cobain en la voz de su generación y catapultó al grunge hacia el mainstream, desatando una revolución generacional. 

Sin embargo, bandas como Pearl Jam se empeñaron en hacer ver que la etiqueta del grunge no era admisible ni aplicable para todos. A pocos meses de lo que Nirvana había generado en las listas de popularidad con Nevermind, ellos lanzaron Ten, transmitiendo esa crítica social y contestataria que su líder Eddie Vedder expresaba en sus letras más personales, enfundándolo con las guitarras más ensordecedoras que tendía la banda y las improvisaciones, sin la pretenciosidad virtuosísitica habitual, sino más bien con las puras ganas, sinceridad y habilidad de cinco chicos inconformes con el mundo que les rodeaba. 

Soundgarden también aparece en escena. Mientras trabajaba en el proyecto de Temple of the Dog, Chris Cornell tuvo una revelación, y llevó a su banda a una nueva era con Badmotorfinger, empujándolos al despegue comercial. Cada melodía del álbum tenía un riff distintivo que se emparetaba a la altura del nivel de voz tan perfectamente afinada de Cornell. Soundgarden tenía una esencia más pesada y oscura, comparada con las de Nirvana y Pearl Jam, pero componía himnos emotivos y así brillaron con luz propia. Kim Thayil lo dijo en su momento en una entrevista: “Badmotorfinger tiene cosas raras, como es habitual en Soundgarden. Siempre agregábamos ese elemento extraño. Teníamos la capacidad de no tomarnos muy en serio sin perder el compromiso con lo pesado”.

Y ya que hablamos de Temple of The Dog, el origen se remonta a la muerte de Andy Wood, líder de Mother Love Bone, quien dejó una atmósfera de desconsuelo en la comunidad de Seattle. Wood era amigo de Chris Cornell y éste fue canalizando todo su dolor mientras iba escribiendo canciones como “Reach Down” y “Say Hello 2 Heaven”. Ya terminadas, fue a mostrárselas a Jeff Ament y Stone Gossard, quienes también formaban parte de Mother Love Bone, sin saber que ahí mismo se enteraría de la nueva banda que estaban por armar Ament y Gossard a lado de Eddie Vedder: Pearl Jam. De modo que, paralelo a lo ocurrido, decidieron reunirse para homenajear a Wood, y grabarlas bajo el seudónimo Temple of the Dog. Nunca imaginaron la repercusión que este material tendría tiempo después. 

En el lado femenino, Courtney Love calaba su sentir hecho pedazos en Live Through This, tocando temas de la codependencia, la maternidad y el feminismo, aclarando que, más que una villana (el álbum salió días después de que se encontrara muerto a Kurt Cobain), era una heroína del rock. El título parecía una profecía y su voz salta de una vulnerabilidad de über-femme a gritos que parecen arrancados de las profundidades del estómago. Luego de los duelos por las muertes de Cobain y de su bajista Kristen Pfaff, Love se dispuso a ser un ícono por derecho propio a pesar de tener las de perder. 

La poca importancia que los grupos de grunge daban a su imagen contrastaba con otros movimientos derivados del rock. Tenían su manera de relacionarse vistiendo con jeans rotos, camisas de franela a cuadros holgadas y con tonos oscuros, gorros de lana, tenis rotos o botas industriales y una melena larga y desgastada, mostrando un espíritu de desazón y rebeldía. The New York Times se preguntó en su momento: “¿Cómo es posible que una palabra de seis letras cuyo significado era mugre y basura se transformó en un género musical, una declaración de moda y un fenómeno pop?”. 

Pero no todo fue bello. La escena del grunge no era refractaria a las drogas. Varias de estas bandas se vieron golpeadas por la muerte de sus integrantes, en gran parte relacionadas con las adicciones y el suicidio. La imagen es semejante, y ocurre ya cada cierto tiempo, con una frecuencia difícil de asimilar para quienes se sintieron identificados y vieron en ellos un ejemplo a seguir. Tras la muerte de Chris Cornell ocurrida en mayo del 2017, hoy por hoy entre los grandes del grunge sólo quedan vivos Eddie Vedder, de Pearl Jam y Dave Grohl de Nirvana / Foo Fighters. ¿Fue su capacidad de adaptación o es que la última página de este mugroso y glorioso capítulo de la música aún no se ha escrito? +

@MNPHNCGRRRL

Léelo también en nuestro número 123, dedicado a Música y Letras

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