Mike vs Myers: El auto-antagonismo seductor

Mike vs Myers: El auto-antagonismo seductor

Este mes se cumplen 20 años de Austin Powers: The Spy Who Shagged Me, la segunda entrega de la saga de acción y comedia Austin Powers, estelarizada por Mike Myers, quien anunció a finales de 2018 que estaba trabajando ya en la cuarta entrega, después de casi dos décadas de haber lanzado la tercera parte.


Como sabemos, la saga Austin Powers es una deliciosa y estrafalaria parodia de las películas de espionaje, especialmente las de James Bond, de modo que podemos decir que todo comenzó con los libros. Pero no tan rápido. Es cierto que el Agente 007 es el protagonista de las novelas de Ian Fleming, la primera de las cuales es Casino Royale (1953, publicada hoy por Thomas & Mercer), y de los libros saltaron a la pantalla grande. Luego el género del espionaje y la intriga internacional de la posguerra proliferó fecundada por un entusiasmo tecnológico —equiparable al de Julio Verne, casi un siglo después—, que nos permitió ver aparatos voladores, armas discretas, cámaras, micrófonos y un sinfín de gadgets. Pero resulta que el propio Fleming había sido él mismo un agente de la inteligencia británica. Así es: ¿qué fue primero: el huevo o la gallina?, ¿los libros de espionaje internacional o el espía internacional que se puso a escribir libros?

Contracara
Dejando atrás esta cuestión ontológica, pasemos a la otra: el que Mike Myers, siendo el actor que interpretó al protagonista, encarnara también al antagonista se explica logísticamente de un modo muy sencillo: Myers quería que Jim Carrey fuera el Dr. Evil, pero no pudo contratarlo, así que decidió interpretarlo él mismo.
No preguntaremos por qué Myers no buscó otro actor, queda muy claro que estuvo convencido de hacerlo él mismo. El resultado fue una cereza sobre un enorme pastel, perfectamente cocinado, que iba a lanzar sobre todos los cinéfilos y los fans del contraespionaje.

Tú y yo somos uno mismo, uo-oh
Una de las fórmulas antagónicas que Umberto Eco descubrió en las novelas de Ian Fleming —una fórmula que fue utilizada, recreada y parodiada desde la mayor solemnidad hasta la mayor desfachatez— consistía en el binomio “mundo libre vs Unión Soviética”. Los villanos proceden de más allá de la Cortina de Hierro y son de carácter mestizo con “orígenes complejos y oscuros”. La mayoría son asexuales u homosexuales, inventivos, organizadamente astutos y ricos. El narratólogo Jeremy Black destaca las distorsiones físicas de los villanos que, además, emplean sirvientes y trabajadores extranjeros. ¿Les suena? Claro: es el mismísimo Dr. Evil.
Siendo Austin Powers, con sus increíbles poderes sexuales, tan distante del frígido y calculador Dr. Evil (Dr. Maldad), ambos comparten el rostro, de modo que parte del encanto seductor que tiene aquél vive en cierta forma en éste ¿vendrá de ahí la fascinación que le profesa Frau Farbissina? Lo sé: ahora tardarán una década tratando de deshacerse de esa imagen. Y lo mismo al revés: el sexismo y el racismo velado del seductor que no puede dejar de pensar en los años 60 (cuando las luchas por la igualdad en muchos sentidos apenas comenzaban y no había que ser consciente social ni políticamente correcto) son elementos malignos del héroe encargado de salvar al mundo… y a Felicity Shagwell (¿de veras quieren que intente traducir este fabuloso nombre?), que es Heather Graham.
Suena muy nerd. Pero es cierto. ¿Y no es el contraespionaje una implicación de que no existe la bondad absoluta ni la maldad total, y de que, en todo caso, dentro de la una habita infiltrada un elemento poderoso de la otra? +

Léelo también en nuestro número 121, dedicado a Amigos y Rivales.

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