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Entrevista con Hari Sama, artista polifacético

A finales de enero fue inaugurado el restaurante Seneri, idea original del joven chef mexicano Fernando Martínez Zavala, asociado con el músico y cineasta Hari Sama. En una mesa sobre un piso de vidrio de Seneri, ubicado en la planta alta de Mercado Roma, platicamos con el director de la película El sueño de Lú, y obtuvimos como resultado esta suerte de perfil multifacético del artista.

“El papá creativo de Seneri es Fernando: éste es su bebé. Él es de origen michoacano y tiene muchos lazos con la tradición culinaria de allá. Yuban fue un viaje raro. Primero surgió la idea de El Bicho, de tener un espacio para dedicarlo a la dramaturgia mexicana, después de un viaje que hice por Sudamérica, en el que me encontré con el teatro independiente tanto argentino como uruguayo. Hay varios espacios en Buenos Aires que están dedicados al teatro y cine independientes, porque generalmente justo lo que no sucede es que valoremos nuestra cinematografía o nuestra producción propia. Regresé con la idea de poner un granito de arena para que los dramaturgos mexicanos tengan un lugar donde nos volquemos a la reflexión de ser mexicano por medio de la dramaturgia. Abrimos El Bicho, y paralelamente me volví muy cercano de una familia zapoteca de la Sierra Norte de Oaxaca. La primera idea un poco loca de Yuban fue intentar traer a la Ciudad de México la sensación de estar en una fiesta de pueblo en la Sierra Norte, con la hospitalidad y la cosmovisión zapoteca por medio de la gastronomía, cosa que en realidad es imposible”, y añade: “Yo siempre he sido cliente de los restaurantes, me gusta mucho comer bien, pero por Fernando me he vuelto más un obsesivo de la cocina. Él ganó el premio Cocinero del Año México que consistía en un premio económico para montar su proyecto personal que fue Seneri. Somos tres socios. Lo mío tiene más que ver con la parte decorativa, con la parte de la experiencia visual. Es increíble estar al lado de gente tan talentosa”.

La plática tomó diversos senderos: intentar abarcar una personalidad que no se constriñe a una sola actividad suele volverse complicado, porque las ideas comienzan a interconectarse, y pasan de un tema al otro. Hablar de cine se vuelve impostergable: “A nivel de espacio es súper complicado hacer cine; lo que tenga que relacionarse con una delegación es una puerta al horror del lado más oscuro de México: falta de cumplimiento de leyes, aquellas leyes imprecisas en las que siempre hay espacio para que cobren corruptelas; lidias con lo peor de la sociedad mexicana, sobre todo en cuestión de espectáculos; es aún más difícil porque se trata de un espacio en el que no sólo no se genera dinero, sino incluso tienes que poner para poder difundir la creación. En un momento dije ‘ya no puedo, me está quitando demasiado tiempo, demasiada energía’. La posibilidad de conseguir dinero por medio de algunos estímulos como Eficine, y la coproducción con otros países está en un buen momento; no es fácil conseguir el dinero, pero hay posibilidades. El cine está en un aprieto muy grande en cuanto a la distribución. Se producen muchas películas de géneros distintos, hay un montón de festivales en toda la República, pero lo que no hay es dónde las vea la gente de carne y hueso que no necesariamente es hipercinéfila”, y continúa: “No sólo el cine comercial es importante, también lo es que un país se cuente a sí mismo por medio de películas de otro tipo; todo lo que está pasando en festivales fuera de México se debería poder ver en las salas de corte más comercial. A nivel de producción no estamos en un mal momento, creo que el tema es, en este contexto histórico, de curaduría: quién te dice qué ver y qué oír, porque hay demasiado”.

A pesar de la complejidad que significa hacer cine en México, la otra cara de la moneda se impone con la gran cantidad de gente que arremete contra las dificultades y se erige decidida en seguir adelante: “Lo primero que se me viene a la cabeza para hacer cine es oficio, y es muy fácil que no haya mucho rigor. Veo a veces piezas de arte o películas que en mi opinión no lo tienen, y me desanimo. Me gusta más el cine que sin seguir reglas específicas sí tiene oficio. Me apasiona el Japón antiguo, esta onda del carpintero que trabaja la madera y que le deja la técnica a su hijo o a su heredero, y con los años éste aprende a trabajar la madera de una manera perfecta, es algo que yo valoro mucho. Para hacer cine está chingón que te plantees el rigor de ser un buen espectador primero, y luego el rigor de ser un buen analítico de las piezas que te gustan, del guión y de la dirección de actores. Siento que de pronto no hay una dirección de actores o no hay una estructura dramática, que no se opone a que haya una pieza súper lírica. En el mayor de los casos el rigor garantiza una película profunda que te va a transformar para siempre”, y finaliza: “La revolución tecnológica han convertido la cámara en un lápiz: hoy todo mundo tiene una película, y hay películas de producción muy joven que les va bien en festivales, pero no tienen el rigor de un director que se construye con el tiempo. Llegar a ciertas alturas literarias implica un oficio”.

La plática toma otro camino, y Eurídice, la banda en la que Hari Sama toca y compone, se coloca en el centro de la entrevista: “No me imagino haciendo la música de otra forma. A la gente le cuesta trabajo catalogar lo que está haciendo Eurídice porque no hay mucha gente que haga este tipo de cosas. ¿Son ruidosos? ¿Tienen canas? Son ochenteros. Con Roto, nuestro nuevo disco, siento que ya le dimos la vuelta a eso; sí está violento y sí está agresivo y tiene guitarrazos, pero no necesariamente es ochentero. Nos gusta hablar de cosas que duelen, de política, y como creador pienso que México atraviesa un momento en el que sí hay que hablar de estas cosas”.

Repartir el tiempo entre las actividades laborales, vida social y actividades que son parte vital de uno suele ser un desafío. Hari Sama, sin embargo, halla el modo de estructurar su día a día: “Es la parte más canija de mi vida. He descubierto que aunque parezca muy cuadrado, el tener un calendario súper trabajado, hacer una cosa de esta hora a esta hora, funciona mucho. En mi oficina de otras cosas, Eurídice se ve como un hobby, pero es un hobby necesario, mío y de Javier, que es mi compañero de aventura. Después de grabar Roto me quedaron unas rolas en la cabeza y estoy por grabar un proyecto personal”. El autor del largometraje Despertar el polvo nos habla del lugar donde se siente más a gusto trabajando, y llevando a cabo esas actividades que reparte entre su agenda y las que son imprescindibles, incluso vitales: “Lo que más disfruto es componer, tocar en vivo y hacer películas, filmar, entregar la película, y su equivalente en la música; si yo pudiera dedicarme sólo a eso sería el regalo más grande de la vida. Las películas y la música son lo que lamentablemente menos me da para funcionar económicamente en la vida. Si en algún momento se balanceara estaría haciendo sólo música y cine”.

Hari Sama finaliza con sus recomendaciones: “Michael Haneke es uno de los directores más importante para mí. La película que más he visto en la vida es Blade Runner, de Ridly Scott. Estéticamente me pareció revolucionaria en su momento: habla de cosas profundísimas desde un lugar muy pop. De bandas, quizá Jack White y The Dead Weather, porque tiene la energía que a mí me interesa comunicar en el rock. Y mi recomendación de la casa en Seneri es el pato ahumado. Ése es el plato favorito de aquí”.

Rolando Ramiro Vázquez Mendoza @LordNoa

MasCultura 07-mar-17

*Créditos de FOTO: ENFILME

*Les dejamos el video más reciente de Eurídice, “Karma”, cuya dirección estuvo a cargo de Hari Sama. Contento, Hari comenta sobre su orgullo del video y la posibilidad de convertirlo en película.

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