El límite hacia el lado podrido de la vida: Entrevista con Marçal Aquino

Marçal Aquino (São Paulo, 1958) es un escritor y guionista brasileño que, durante muchos años, se dedicó al periodismo, particularmente al reportaje policiaco en São Paulo, una ciudad muy parecida a nuestra capital: “enorme, con una efervescencia muy grande y con un submundo muy presente en la vida de las personas”.

Su novela del 2002, El invasor (Oceano), cuenta la historia de Iván y Alaor, socios de una compañía que se ven amenazados por su colega Esteban, dispuesto a dejarlos fuera del negocio por las diferencias imposibles de dirimir. Ambos tomarán un camino nebuloso, cada vez más oscuro, en busca de solucionar un problema que se pavonea con nombre y apellido, hasta que cruzan el límite hacia el lado podrido de la vida: “Me parece que esto es el alma de la novela y también de la película. El momento donde se establece la razón de todo: uno conoce los dos lados de las cosas. Otro detalle importante es la ilusión de conocer a uno y a otro íntegramente. En la vida real no es así, poco sabemos de personas que viven muy cerca de nosotros. Una de las partes más interesantes de conducir esta novela fue ir revelando los foquitos de este lado podrido de la vida que está presente de todas las formas. Hay sombras y hay luz”.

El invasor fue un proyecto que estuvo a punto de ser abandonado: “Empecé a escribir la no vela y cuando iba por la mitad, la interrumpí y la convertí en un guión cinematográfico. Yo creí que no regresaría a la novela, que estaba perdida. Volví al texto, muy estimulado por mi director, Beto Brant, que no quería que la novela se perdiera”.

Marçal Aquino estaba interesado en hablar de las personas que cruzan límites de todos los tipos: sociales, geográficos y éticos. Su labor periodística lo llevó por peligrosos senderos en los que temió perder la vida. El riesgo de ser periodista parece ser un síntoma de vulnerabilidad en nuestras sociedades continentales. “Hubo varios momentos en los que, por alguna razón, sientes que estás a bordo de algo que tendrá consecuencias nefastas. Me acuerdo de una vez que estuve en la frontera de Brasil y Paraguay para hacer un reportaje. Me involucré con unos tipos que me llevaron a entrevistar a un sicario. Por distracción o ignorancia entré a un coche con tres desconocidos, por la noche; en ese momento comprendí que iría a morir, porque a los sicarios no les gustan los periodistas. Para mi sorpresa, estuvimos en un lugar, estaba el sicario y me dio una entrevista, me respondió todo lo que le pregunté”, cuenta Aquino.

Así como sus experiencias, El invasor recupera el perfil más sórdido de la naturaleza humana, aquel que nos confronta y que cuestiona nuestros propios límites, los que nos ponen a prueba y, como los personajes, nos invaden irremediablemente.

Por Rolando Ramiro Vázquez Mendoza

MasCultura 23-ene-2017

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