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Crónicas desde el corazón de la Feria de Oaxaca: Días de literatura III

¿Para qué sirve leer? Fue la pregunta que se formuló el día de la inauguración de la FILO. Entre la penumbra que encerraba el Teatro Macedonio Alcalá, el tenue hilo de luz que emanó de una pantalla gigante frente a nosotros parecía ser la refulgencia de las respuestas que se vertieron: imaginar, crecer, volar, viajar. Liniers apuntaría el domingo que sirve para formarse como gente mejor. Sin embargo, yo seguiré con mi manojo de dudas.

La lectura puede cambiar, ¿para bien o para mal? Eso no lo sé. Quizá depende de uno y su circunstancia, como nos cuenta Rius sobre el libro que le cambió la vida en su juventud: El manifiesto comunista. La mejor escuela es la lectura, enfatiza el caricaturista frente a un público que le hace llegar sus preguntas en un papel.

El interrogatorio continúa en el corazón de esta ciudad, cuyas estrechas calles comunican a los lectores con los escritores en las esquinas y comercios aledaños. Esa ilusoria separación, la virtual distancia que muchas veces pareciera insuperable, aquí, en esta Oaxaca no existe. Ahí, en el Zócalo, atrás de la Catedral y de la Alameda de León, Valeria Luiselli come bajo la sombra en un tranquilo restaurante, para pasear, más tarde, sobre la calle Macedonio Alcalá, como Julio Trujillo; en tanto que Martín Caparrós sale del Ex-Convento de San Pablo y Yuri Herrera espera la presentación de "Falsa liebre" recorriendo los puestos.

En un instante, mientras algunos escritores se retiran, al Foro principal llega Fernanda Melchor acompañada de Fernando Lobo y Daniel Espartaco. La presentación da inicio inmediatamente, para cubrir los minutos perdidos. Sus camaradas elogian la primera novela de Fernanda, quitándole por completo el micrófono, como si las palabras –y el tiempo– no fueran suficientes para terminar de contar sus experiencias de lectura. Tanto así, que un joven interesado en cuestionar algo de "Falsa liebre", ya listo frente del estrado, tuvo que guardarse sus preguntas para la siguiente ocasión, pues Armando Vega Gil ya se prepara para subir.

Su guedeja ondulada, incorruptible aún con el viento, brincotea a cada paso de escalera. Hay poco público, por lo que se dedica a atraer la atención de más gente por medio de los gritos de los asistentes, juego que logra congregar a curiosos que se asoman para encontrarse con la faceta de escritor del miembro de la banda Botellita de Jerez, quien se pone a cantar acompañado de un ukulele eléctrico a coro y baile de algunas chicas emocionadas.

Así se precipita el tercer día de la Feria del Libro Oaxaca 2013. El tráfico de la calle Independencia permite a muchos de los participantes fluir entre tanto automóvil, cuyos conductores los miran con desdén, atrapados en su caja metálica. Yo, en último momento, mientras la mesa Literatura y Mezcal concluye, posterior a la charla con Rius, el rockstar de esta Feria, compro un libro de Onetti que guardo al lado de una botella de alcohol ámbar. Recuerdo los comentarios de alguno de los invitados: “El efecto mezcal en la literatura… debería ser el efecto mezcal en los escritores”… y en lo lectores, agrego.

Los locales de la FILO están cerrando y me retiro a esperar el autobús que me regresará a la Ciudad de México. ¿Para qué sirve leer? Me llega a la mente. Para muchas cosas a la vez, me digo, mientras un señor se sienta a mi lado a preguntarme de Onetti y platicarme sobre el día en el que la población se levante para luchar contra la injusticia: “Pero qué bonito que es México”, concluye riendo. Nos despedimos y llega el autobús: terminó el tercer día de literatura en esta Feria. Sin embargo, aún queda mucho de la FILO, ¿qué esperan ustedes?

Rolando Ramiro Vázquez Mendoza

Imagen: El periodista y escritor Martín Caparrós en la FILO 2013.
Mascultura 06-Nov-13

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