Chinua Achebe: Escribir la nueva historia de África

Traducida a cincuenta lenguas y con más de diez millones de ejemplares vendidos, la primera novela del escritor nigeriano Chinua Achebe, Todo se desmorona (1958), cambió el espectro de la literatura mundial al demostrar que a pesar del colonialismo europeo, buena parte de la identidad africana pudo mantenerse a flote.

En su cincuenta aniversario, esta obra —que conforma junto a Me alegraría de otra muerte (1960) y La flecha del dios (1964) la llamada Trilogía africana— fue ampliamente celebrada en todo el mundo desde Ogidi, el pueblo natal del autor, hasta la Biblioteca del Congreso de Washington, confirmando a Achebe como el autor africano más leído. Parte indiscutible del nuevo canon universal y padre de la literatura africana moderna, como lo consideró Nadine Gordimer, una de los tres premios Nobel de Literatura que tiene África, junto a Wole Soyinka y J. M. Coetzee.

En Trilogía africana, publicada por primera vez en México apenas en mayo de 2014, se cuenta la historia de Okonkwo, uno de los guerreros más importantes de Umofia —una de las tribus igbo del sur de Nigeria— que busca escapar de la sombra de su padre, un hombre endeudado sin prestigio ni fortuna. El profundo miedo que tiene Okonkwo al fracaso lo convierte en un hombre trabajador pero violento que no perdona la debilidad de su familia ni de quienes lo rodean, llevándolo a cometer crímenes y excesos que contribuirán a que Umofia sucumba ante el poderío de la colonización blanca de misioneros y militares británicos en un proceso de dominio y devastación al que se llamó “Pacificación” de África.

La Trilogía africana alcanza estatus universal porque su historia no sólo representa el sufrimiento de los pueblos africanos, sino de las poblaciones amerindias, asiáticas y de Oceanía, ya que antes del siglo xix, 80% del planeta estaba bajo tutela u ocupación de las potencias de Europa.

Chinua Achebe nació en 1930. Sus padres, también de origen igbo, se convirtieron pronto al cristianismo. Su padre fue evangelista y viajó por treinta y cuatro años a diferentes partes del territorio igbo diseminando la Biblia y la Palabra en un mundo de tradiciones mágicas ancestrales. Al retirarse como pastor, el padre de Chinua regresó a su aldea; algo parecido a lo que hizo el propio Achebe en la literatura, quien a pesar de recibir una educación británica escribió sobre la cosmovisión igbo en la lengua de sus conquistadores: el inglés. Achebe encontró en su identidad africana no una desventaja sino una fortaleza para concretar el proceso inverso de la conquista. “Cuando comencé a ir a la escuela y a aprender a leer (en inglés)… instintivamente tomé parte por la gente blanca. Ellos eran buenos. Eran excelentes. Eran inteligentes. Los otros no: eran estúpidos y feos. Ésa fue la manera en la que fui introducido al peligro de no tener nuestras propias historias”, reveló a The Paris Review. Al darse cuenta de que la nación que no tiene historia está condenada a desaparecer de la memoria del mundo, Chinua supo que en lugar de idear tramas europeas, debía contar la historia de su pueblo, de su origen, siguiendo el consejo de un proverbio igbo: “hasta que los leones tengan sus propios historiadores, la historia de la caza siempre glorificará al cazador”, es decir, al hombre blanco que ha arrasado incluso con los bellos felinos del África: “Cuando me di cuenta de eso, me convertí en escritor. Yo tenía que ser ese historiador. No es el trabajo de un solo hombre. Pero es algo que tenemos que hacer”. Sin embargo, en lugar de confrontar, Chinua propuso otra vía: escribir la versión africana de las cosas: “Si no te gusta la historia de alguien, escribe la tuya propia. Si no te gusta lo que la gente dice, di qué es lo que no te gusta”.

Por Omar Nieto

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MasCultura 09-mar-16

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