Yesterday y el valor cultural de la música

Yesterday y el valor cultural de la música
Gilberto Díaz

Danny Boyle, es junto a Quentin Tarantino uno de los mejores directores que saben usar la música pop como un elemento fundamental dentro de su narrativa cinematográfica; así ha sido desde el impacto que causó la banda sonora de Trainspotting en 1996, repleta de música de la escena nocturna británica de aquel entonces y que se ve referida directamente en el guión, la dirección y la edición de cada escena, por lo que no es de extrañar que ahora nos presente un concepto capaz de trastocar las fibras emocionales de todo aquel que se considere melómano, ¿Qué pasaría si de repente todo el mundo se olvidara de la existencia de Los Beatles? ¿Cómo reaccionaría este mundo si en pleno 2019 las escuchara por primera vez?

Bajo una premisa que coquetea con el realismo mágico, Yesterday relata la historia de Jack Malik (interpretado por Himesh Patel), un cantautor en sus 30 años que sigue intentando hacer una carrera musical con resultados poco halagadores, hasta que el día en que sufre un accidente vial, en donde un extraño fenómeno provoca entre otras cosas que todo el mundo olvide que alguna vez Los Beatles existieron, y siendo Jack el único capaz de recordar sus canciones.

Danny Boyle hace tangible una fantasía que todos los que alguna vez quisimos colgarnos de los sueños de rock and roll hemos tenido, si pudiéramos tomar esta música que tanto nos ha extasiado, y hacerla nuestra en algún mundo donde el autor sea desconocido, para gozar un poco de la fama y el éxito que se nos ha negado de alguna forma; bajo esta misma idea Boyle explora a través de Jack el complejo de culpa del impostor, mostrándonos su ansiedad y su paranoia, pero sobre todo su necesidad de sentirse relevante ante los ojos del mundo, aunque en realidad sea por una sola persona.

Un aspecto muy interesante de destacar es la lectura (o debería decir crítica) que la película hace sobre la industria de la música en la actualidad, su enfático señalamiento sobre la constante intervención de managers, publicistas, mercadólogos, asesores de imagen y demás fauna que se alimenta de la creatividad, transformándola o distorsionándola en detrimento del arte y a favor del dinero; cuestiona irónicamente sobre la “creación musical” basada en colaboraciones, y hasta se mofa de personajes como Cardi B o Justin Bebier, y hasta podríamos decir que a la cultura del reggaetón que hoy domina.

Yesterday no es una obra perfecta, ni lo mejor que nos ha ofrecido Danny Boyle desde Slumdog Millionaire, pero si es una película realizada con amor a la música y los personajes que la crean, y es que de alguna manera vivimos en un mundo que pareciera que esta olvidando la importancia y significado de las aportaciones del cuarteto de Liverpool en nuestra cultura popular, es como si ésta película fuese una metáfora acerca de la brecha generacional de una industria decantada a complacer la atención de una juventud que aún no termina de entenderse a sí misma.

Esta es una película que se sostiene por las actuaciones efectivas de un cast bastante bien seleccionado, compuesto por actores locales británicos y americanos de todas diversidades, además de un guion con un humor fino que no deja de girar en torno a la premisa principal, y que por supuesto hará mucho más sentido a beatlemanos pero que no olvida al cinéfilo casual. En muchos aspectos su tono recuerda el de películas como Begin Again (2013) y Sing Street (2016), del director John Carney, y es que, como en dichas películas, el amor hacia la música es palpable en cada detalle de la cinta.

Yesterday es un recordatorio del valor que le asignamos a las canciones que nos significan en la vida, que no son meros productos desechables, sino parte inherente de nosotros, nuestra vida, nuestras ideas y nuestros sueños; Yesterday es la mejor carta de amor a la música que nos dejaron los Beatles, su trascendencia en la vida a todos los que la apreciamos hasta la fecha.

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