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La penuria de andar mal vestido. Entrevista con Guillermo Fadanelli

La penuria de andar mal vestido. Entrevista con Guillermo Fadanelli

08 de octubre de 2020

José Luis Trueba Lara

Guillermo Fadanelli es una de las voces más interesantes de la narrativa reciente, y desde sus primeros libros ha mantenido una perspectiva que rompe y se enfrenta con la corrección política. El enfant terrible que publicó algunos de sus primeros textos en el suplemento Sábado aún se mantiene activo y virulento. Sus obras obligan siempre a tomar partido: se las odia o se las ama. Con ellas no existe el punto medio. La recientísima publicación de su nueva novela, El hombre mal vestido, vuelve a colocarnos ante esta disyuntiva que resulta de su actitud marginal. Por todos estos hechos, era necesario conversar con Fadanelli y, por supuesto, había que adentrarse en algunas de las características que hermanan a su nueva creación con el resto de su obra: la moral, la desesperanza y la resignación.

Lee+: Cuando terminé de leer El hombre mal vestido quedé convencido de que tu nueva novela se integra perfectamente a las constantes que marcan tu obra. Con ella vuelves a obligar al lector a que mire a los espacios que se alejan y chocan con la corrección política.

Guillermo Fadanelli: Tienes razón, yo estoy totalmente convencido de que es necesario mirar al lado oscuro de la luna y mis novelas buscan asomarse a él. Sin embargo, también estoy seguro de que no existe un escritor ideal y que yo estoy lejos de serlo.

En el fondo, todos somos una summa de extravagancias y locuras que nos permiten ejercer la rebeldía. El escritor tiene que convertirse en un ser incómodo, en alguien que ejerce la crítica con toda la fuerza y la mordacidad posibles. Por eso tenemos que mirar lo que otros no miran o no quieren mirar.

La escritura no te permite hacerte el disimulado y seguir de frente. Por esta razón construyo mis libros desde el pesimismo y la renuncia, desde la necesidad de no conformarme y mantener la curiosidad. Así pues, yo estoy cierto de que las únicas virtudes que tiene la literatura en nuestros días son su incomodidad y su capacidad para asomarse a los mundos que a muchos obligan a voltear la cara.

Lee+: Lo que dices me lleva a una serie de preguntas obligadas: ¿La literatura tendría que ser una crítica moral?, ¿su fin es proponer una nueva moral?, ¿en El hombre mal vestido hay una propuesta ética que, me parece, está cerca de Schopenhauer?

Guillermo Fadanelli: Schopenhauer es el pesimista por excelencia y su obra abre la posibilidad de que exista un hombre resignado. Esta es una idea que está muy dentro de mí gracias a sus palabras. Yo no creo que tenga la capacidad para transformar la realidad; por esta razón busco en mi mismidad, en mi memoria, y gracias a eso enfrento con resignación la crítica a mi entorno.

Piénsalo un poco, el mundo apenas se mueve unos centímetros cada siglo, pero en nuestro tiempo —debido a la tecnología que avanza a pasos gigantescos— pareciera moverse mucho más rápido; sin embargo, la moral permanece casi estática. En realidad, los seres humanos somos simios jugando con artilugios. No usamos la tecnología para construir conductas que permitan la convivencia, pues la tecnología nos da prescripciones morales. El instrumento es el que nos dicta los caminos y nosotros no somos capaces de utilizarlo para buscar una nueva ruta.

El epígrafe de mi novela Lodo de alguna manera parecería resumir mi posición sobre este asunto: “todo escritor, lo que quiere hacer en el fondo, es escribir una nueva Biblia”. A pesar de esto, lo que yo deseo es escribir desde una mirada marginal, periférica, absolutamente personal. Una mirada que se niegue a las generalizaciones, pues nunca conocemos lo suficiente a la realidad y a las personas. Sin embargo, esto no implica que los lectores no puedan encontrar una ética pesimista, una ética de la resignación en mis novelas. El peso de mi resignación es tal, que cuando vuelvo a leer alguna de mis obras, siento que la escribió otra persona.

Lee+: En El hombre mal vestido existe una desesperanza que, tal vez, actúa como un bálsamo que sana en la medida en que se niega a buscar ideales; justo como lo hace Esteban Arévalo, su protagonista. ¿Todos somos ese Esteban? ¿Tú eres ese Esteban?

Guillermo Fadanelli: Esteban es un hombre que necesita muy poco para vivir. Es una suerte de asceta, alguien resignado ante la realidad y, sobre todo, es alguien que desea pasar inadvertido para el resto de la gente.

En uno de mis libros anteriores escribí un aforismo que sostenía que el movimiento es el principio del mal. Por lo tanto, cada vez que nos movemos para intentar transformar el mundo sólo provocamos el mal y hacemos daño. Incluso esto es peor si actuamos buscando el éxito, la tiranía sobre los otros o la riqueza. Contra este mundo se levanta Esteban, él sólo aspira a ser un paseante, a moverse sin dañar a nadie, a leer algunos libros, a no tener ambiciones con tal de encontrar una felicidad infinitesimal; pero él también es un hombre curioso, alguien capaz de escuchar y observar lo que ocurre a su alrededor aunque carece de esperanza. Vive en nuestra época y, como resultado de su apariencia, se enfrenta a la descortesía, al reino del consumo. Él no vive en la gentileza, en la certeza de que el otro existe.

Así pues, el hecho de que Esteban no comparta los ideales del éxito que nos imponen lo convierte en un ser maltratado, en un hombre bueno y que no hace daño pero que es herido por los otros. Esto da lugar a un malentendido de dimensiones siderales… él siempre será desdeñado por su forma de vestir. +

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