Leonard Bernstein: cien años del nacimiento de un ícono

El 25 de agosto de 2018 marcó el aniversario número 100 del nacimiento de un compositor y director de orquesta cuyo nombre es familiar a todos los que disfrutamos la música de concierto: Leonard Berns- tein (1918-1990). La ocasión no es menor: los grandes sellos discográficos reeditan sus grabaciones completas; las editoriales publican libros antiguos y nuevos, y algo nunca antes visto: Hollywood llevará a la gran pantalla la vida del músico, quien presentó al público americano la obra de Beethoven y Mahler, en dos filmes paralelos: uno con Bradley Cooper y otro con Jake Gyllenhaal, el primero de los cuales cuenta con la aprobación de la familia de Bernstein, además de una producción millonaria encabezada por Spielberg y Scorsese.

El primer gran director nacido en Estados Unidos |

Compositor, director de orquesta, pianista, pedagogo, escritor y hasta modelo, el gran músico oriundo de Massachusetts sigue siendo hasta hoy una figura imprescindible en la música de su país. El impecable currículum de Bernstein incluye haber sido el primer director americano que se presentó en el Teatro Alla Scala de Milán, con ocasión de una Medea interpretada por Maria Callas. Representa el polo opuesto al director austriaco de linaje aristocrático Herbert von Karajan: hijo de migrantes judíos, el joven Bernstein se abrió camino en un mundo musical dominado por los maestros europeos.

Se cuenta que su primer contacto con la música fue un piano que encontró en casa de su tío materno, un singular paralelismo con el pequeño Gustav Mahler. Su padre rechazó la idea de pagarle lecciones de este instrumento, por lo que Bernstein pagó sus clases con el dinero que obtenía de pequeños trabajos. Después de graduarse en la Boston Latin School, en 1935, Bernstein acudió a la Universidad Harvard, donde estudió música con Walter Pinson. Al terminar sus estudios ahí, ingresó al Curtis Institute de Filadelfia, donde recibió la única nota de “A” (sobresaliente) que Fritz Reiner concedió nunca en sus clases de dirección. Poseedor de un oído extraordinario y un talento natural para la música, Bernstein no dejó nada a la suerte: fueron años de arduo trabajo y práctica los que lo llevaron al podio de la orquesta junto a la cual imprimiría una profunda huella en la música de concierto. La larga y fructífera relación de Bernstein con la Filarmónica de Nueva York terminó sólo por la muerte de Bernstein. Di- rigió su último concierto con este conjunto solo cinco días antes de su muerte, en aquel fatídico 14 de octubre de 1990.

Genial y contradictorio, Bernstein abrazaba lo popular y lo clásico, sin circunscribirse a nada previamente categorizado. Lo mismo podía hacer referencias al rock de los Beatles que al jazz de Charles Mingus, en medio de la explicación de una sinfonía de Haydn. Fue esta habilidad como comunicador, y su enorme carisma, lo que lo llevó a conducir la serie de programas titulados Conciertos para Jóvenes en la cadena CBS, mismos que se mantienen hasta hoy como los más longevos de música clásica: se emitieron desde 1958 hasta 1972, con niveles de rating históricos. Este hecho es muy significativo porque refleja dos aspectos importantes de Bernstein: el primero, su marcado interés en democratizar la música que parecía estar reservada a las personas que podían pagar un concierto en el Carnegie Hall, y el otro, no menos importante, que era capaz de hacer un producto comercialmente exitoso a partir de la música clásica. Las clases y conferencias de Bernstein han sido reeditadas y traducidas a varios idiomas, y siguen siendo una referencia para los melómanos de todas las edades hoy en día.

Compositor y showman |

Como compositor, Bernstein abordó numerosos estilos y formas. Compuso tres sinfonías (la última dedicada a John F. Kennedy), dos óperas, una misa, cinco musicales y numerosas obras para orquesta y solistas. Al momento de su muerte, se encontraba trabajando en su tercera ópera, que abordaba una temática más oscura: el holocausto judío. Su obra más emblemática es el musical West Side Story, basada en Romeo y Julieta pero adaptada a los tiempos modernos: la lucha de dos bandos rivales de origen puertorriqueño y europeo, influencia del innegable carácter cosmopolita de la Gran Manzana.

De su amplia obra cabe destacar las grabaciones del Opus de Beethoven, Brahms, Schumann y Mahler. Gran apasionado de la música del último, dedicó su tiempo y energía a difundir el repertorio sinfónico de este compositor que había caído en el olvido después de su muerte. De hecho, fue el primer director en grabar todas las sinfonías de Mahler en un sólo ciclo, que es hasta hoy un referente, y conquistó a la ciudad que expulsara al compositor, gracias a una larga lista de colaboraciones con la Filarmónica de Viena. Además, comprometido con el repertorio contemporáneo, tuvo ocasión de estrenar la Sinfonía Turungalila de Oliver Messiaen (1949), la Segunda Sinfonía de Charles Ives y la Quinta Sinfonía de Hans Werner Henze (1963). No podemos dejar de mencionar aquel histórico concierto de 1989, con motivo de la caída del Muro de Berlín, en el que al frente de una orquesta conformada por músicos de varias nacionalidades y orígenes, se tomó la licencia de cambiar la palabra ‘alegría’ por ‘libertad’, en la Novena Sinfonía “Coral” de Beethoven.

Ecléctico es quizá la palabra que mejor define a Leonard Berstein. Artista de carácter universal, el tiempo ha juzgado su obra y hoy cada vez más personas conocen su lega- do, gracias a las plataformas que albergan su música y nos permiten revivir a este ícono americano.

Este texto fue escrito por Osiris Domínguez y publicado originalmente en el número 112 de Revista Lee+. Pueden leerlo en su versión digital dando clic aquí o en su versión física, disponible en todas las Librerías Gandhi del país.

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