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Bocetos de Pablo Picasso

En muchas ocasiones, dentro de algunas familias, los hijos buscan imitar a los padres, ya no en hábitos o rutinas, sino en profesiones e ideologías. Padres e hijos que se dedican a la medicina, a la escritura, o bien, a la música o pintura. El protagonista de nuestra nota del día de hoy siguió los pasos de su progenitor, al quien logró superar en todos los aspectos.

Pablo Picasso nació en Málaga el 25 de octubre de 1881. El pintor andaluz se caracterizó por tener una actitud predominantemente machista, como su padre. De pequeño, fue muy querido, casi venerado, por su madre, María Picasso, por haber sido el único hijo varón y primogénito que tuvo la familia. Creció como un niño malcriado y convivió con un círculo familiar donde predominaban las mujeres, pues su padre lo dejaba para irse a trabajar.

Pablo, como muchos otros niños, intentó imitar a su padre. Éste quería tener renombre como artista, pero, quizá como una ironía del destino, nunca logró trascender o no como lo haría su hijo. Pablo, aún de muy corta edad, se esforzaba por tomar un lápiz y dibujar como su padre, incluso antes de aprender a hablar. De hecho, la segunda palabra que aprendió, después de mamá, fue un balbuceo en el que se refería al lápiz con el que quería dibujar.

Otras de las cosas que hicieron juntos el joven Picasso y su padre fue disfrutar de la tauromaquia. El ritual del hombre imponiéndose ante la bestia fue algo que impresionó profundamente al pintor que, conforme pasaban los años, perfeccionaba su técnica constantemente. Durante el año de 1895, Picasso realizó una de sus primeras obras sobre un gran lienzo que lleva por título “La primera comunión”.

Picasso pasó una parte importante de su vida en Francia, donde se incorporó al Partido Comunista. Fue en ese mismo país, donde el gran pintor falleció el 8 de abril de 1973 por un edema pulmonar.

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