El fuego lento de la Poesía: Arthur Rimbaud

El fuego lento de la Poesía: Arthur Rimbaud

La lirica moderna de Rimbaud, tiene un sublime encanto por la atadura a sus palabras, algo que podemos disfrutar al unísono de la noche, a la amnesia del amor y de las palabras perdidas: Pasión, cielo, infierno y un matiz de labor de atemporal y de riquezas eternas.

Usted también la tiene, hoy por hoy. En el fondo, usted no ve más que poesía subjetiva en este principio suyo: su obstinación en reincorporarse al establo universitario ¡perdón! así lo demuestra. Pero no por ella dejará de terminar como uno de esos satisfechos que no han hecho nada, porque nada quisieron hacer. Eso sin tener en cuenta que su poesía subjetiva siempre será horriblemente sosa. Un día, así lo espero,  y otros muchos esperan lo mismo, veré en ese principio suyo la poesía objetiva: ¡la veré más sinceramente de lo que usted sería capaz! Seré un trabajador: tal es la idea que me frena, cuando las cóleras locas me empujan hacia la batalla de París ¡donde, no obstante, tantos trabajadores siguen muriendo mientras yo le escribo a usted! Trabajar ahora, eso nunca jamás; estoy en huelga. Por el momento, lo que hago es encanallarme todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguna culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. Perdón por el juego de palabras.

Yo es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!

Usted para mí no es Docente. Le regalo esto: ¿puede calificarse de sátira, como usted diría? ¿Puede calificarse de poesía?

Es fantasía, siempre.  Pero, se lo suplico, no subraye ni con lápiz, ni demasiado con el pensamiento.

Juventud

Conjeturas aparte, el inevitable descenso del cielo y la vista de los recuerdos y la sensación de los ritmos ocupan la morada, la cabeza y el mundo del espíritu.

Un caballo toma el portante en el hipódromo suburbano y a lo largo de los campos de cultivo y de las plantaciones de árboles, acribillado  por la peste carbónica. Una mísera mujer de drama, en algún lugar del mundo, suspira por abandonos improbables. Los desesperados languidecen anhelado la tormenta, la embriaguez y las heridas. Algunos chavales ahogan maldiciones a lo largo de los ríos.

Reanudemos el estudio al rumor de la obra devoradora que se agrupa  y se eleva entre las masas

 

El corazón atormentado

Mi triste corazón babea en la popa,

Mi corazón está lleno de tabaco de hebra:

Ellos le arrojan chorros de sopa,

Mi triste corazón babea en la popa:

Ante las chirigotas de la tropa

Que suelta una risotada general,

Mi triste corazón babea en la popa,

¡Mi corazón está lleno de tabaco de hierba!

¡Itálicos y sorcheros

Sus insultos lo han pervertido!

En el gobernalle pintan frescos

Itifálicos y sorcheros.

Oh olas abracadabrantescas,

Tomad mi cuerpo para que se salve:

¡Itifálicos y sorcheros

Sus insultos lo han pervertido!

Cuando, al final, se les seque el tabaco,

¿Cómo actuar, oh corazón robado?

Habrá cantilenas báquicas

Cuando, al final, se les seque el tabaco:

Me darán bascas estomacales

Si el triste corazón me lo reprimen:

Cuando, al final, se les seque el tabaco

¿Cómo actuar, oh corazón robado?

No es que esto no quiera decir nada. Contésteme, a casa del

Señor Deverrière,

 

Información extraída de Iluminaciones, Arthur Rimbaud, Barcelona: Editorial Hiperion, 2016.

MasCultura 10-Nov-16

U.A

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