Lista: ¿Gustas pasar a tomar una tacita de café con estos escritores?

El café, más que un lujo, es nuestro derecho para poder iniciar el día. Si no hay café para todos, no habrá café para nadie, sentenció el Che Guevara en una reunión.

Esta bebida ha sido, además, merecedora de ensayos, cuentos, poemas y canciones. Algunos consideran que el auge de la Ilustración fue posible gracias a esta amarga infusión, que mantuvo a escritores y pensadores en prolongada vigilia para la reflexión. Hoy en día no es tan distinto: sigue siendo una bebida privilegiada para el gremio. Y mientras tomamos una tacita de café –orgánico, por supuesto–, les platicamos de algunos escritores que también disfrutaron de un buen café.

Honoré de Balzac, el conocido autor de La comedia humana fue un riguroso bebedor de café. Para escribir su magna obra se dice que ingirió hasta 50 tazas de café al día. Igual de intensas eran sus jornadas de trabajo que llegaron a ocupar 15 horas al día. Tanta era su necesidad –o gusto– por el café que cargaba con su café molido para prepararlo o algunos granos para masticarlos.

Pero para hablar de escritores realmente adictos al café, mencionemos a François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire. Icono de la Ilustración y autor de Cándido o el optimismo, Voltaire desbanca a su paisano, Balzac, al haber ingerido de 50 hasta alrededor de 70 tazas de café al día. Era de esperarse que un periodo de profunda reflexión humana necesitara un poco de ayuda.

El café contiene muchas dosis de magia. La escritora, J. K. Rowling confesó ser una asidua consumidora de la bebida en The elephant house, un restaurante gourmet de té y café en Edimburgo; fue, además, este lugar donde consiguió la magia e inspiración necesaria para crear el mundo y los personajes que le ganarían un lugar en la literatura: Harry Potter.

Fernando Pessoa recorría en Lisboa unas largas cuadras y se sentaba en una mesa del café A Brasileira, que aún resiste y se mantiene vigente para los turistas literarios o apasionados que visiten la estatua de bronce del escritor portugués. Pessoa escribía acompañado de un vaso de aguardiente en su mesa. Tomaba las servilletas con la silueta oscura del grano de café, o un papel ya usado, o su cuaderno entre las manos. Daba un sorbo de café y de aguardiente, miraba a las mujeres pasar y pensaba en la llegada de ese ser monumental, Ophélia Queiroz, amor de Pessoa hasta la muerte. El café también mata de amor.

Llena de nostalgia saber que Lorca estaba completamente enamorado del fiel señor Dalí, mucho antes de que éste fuera cómplice del ácido desoxirribonucleico. Lorca salía de la escuela y se dirigía a contarle las historias al café, cuando no estaba acompañado de Buñuel o del círculo de artistas que le rodeaban. Cabe mencionar que Un perro andaluz era un título que se refería al poeta español.

En el café de Chinitas
dijo Paquiro a su hermano:
“Soy más valiente que tú,
más torero y más gitano”.

En el café de Chinitas
dijo Paquiro a Frascuelo:
“Soy más valiente que tú,
más gitano y más torero”.

Sacó Paquiro el reló
y dijo de esta manera:
“Este toro ha de morir
antes de las cuatro y media”.

Al dar las cuatro en la calle
se salieron del café
y era Paquiro en la calle
un torero de cartel.

“Si realmente el período del noviazgo es el más bello de todos, ¿por qué se casan los hombres?” Estas son palabras de Kierkegaard y, si esto lo escribió bebiendo café al presenciar el alba, entonces podemos creer un poco en su sentencia. Kierkegaard tenía una afición romántica por las noches y el café con azúcar. El silencio era parte de su obra monumental, requería en su paladar el sabor del café para mantenerse despierto. Lo tomaba con mucha azúcar y poseía 50 tazas diferentes con variados temas para abordar, temas que al final los decidía la cafeína.

MasCultura 29-sep-16
 

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