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Un premio que sabe a reconciliación

Un premio que sabe a reconciliación

23 de septiembre de 2020

Rodrigo Coronel

Son conocidas las sentidas circunstancias políticas que llevaron al autor de La insoportable levedad del ser a residir en París y adoptar el francés como su lengua literaria. Aún están muy frescas, al menos en la memoria de esa generación, las imágenes del 68 en Praga, cuando un puñado de tanques soviéticos arremetió contra la movilización estudiantil de la época; movilización, por cierto, que había apoyado Milan Kundera y que, finalmente, le condenó al ostracismo, el exilio y la censura de sus obras en su país de origen.

Entre República Checa y el escritor se había instalado un frío muro de indiferencia. Hasta hace algunas décadas, el gobierno checo había prohibido las obras del novelista, mientras que éste se había mostrado reacio a todo lo que pudiera vincularse con su país; se sabía, por ejemplo, que se excusaba de leer toda traducción de su obra al checo.

Sin embargo, esa incómoda frialdad fue apagándose. En el 2019, Kundera aceptó la nacionalidad checa que, en desagravio, le fue ofrecida por el primer ministro Andrej Babis.  Además, en este año, el autor decidió donar su biblioteca a su ciudad natal, Brno, aunque desde hace 23 años no pisa suelo checo. En cuestión de desagravios, la paciencia es invaluable.

El Kafka

El Premio Franz Kafka se concede desde el 2001, y poco a poco ha ido apreciándose gracias a la calidad de sus homenajeados, entre los que se cuenta Philip Roth, Haruki Murakami, Peter Handke ─Premio Nobel de Literatura─ y Margaret Atwood, entre otros. La ausencia de Kundera, el segundo escritor más popular de República Checa ─después de Kafka mismo─ parecía más una rareza que la consecuencia de un panorama literario vibrante y competitivo.

Los organizadores del certamen, la Sociedad Franz Kafka y la ciudad de Praga, justificaron la entrega del premio a Kundera porque “su obra representa no sólo una contribución extraordinaria a la cultura checa (…), sino que ha tenido un eco en la cultura europea y mundial, después de haberse vertido en más de 40 idiomas”.

Kundera, por su parte, dijo sentirse “honrado, en especial porque se trata del Premio Kafka, el premio de un colega escritor”; y confesó sentir hacia Kafka una “cercanía por encima de otros”. Además del otorgamiento de una estatuilla de bronce, obra del escultor Jaroslav Róna, el Premio Kafka también contempla la entrega de 8,863 euros, algo así como 230, 438 pesos mexicanos.

Hay premios que saben a reconciliación. +

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