Tener por tener

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Cuando la insaciable avaricia debutó en pantalla grande

Gilberto Díaz

Si de la avaricia en el cine se trata, no hay mejor ejemplo que Avaricia, el mítico filme de 1924, dirigido por el enigmático y excéntrico Erich von Stroheim durante el naciente sistema de estudios de Hollywood, no sólo por el título y la temática, sino porque la historia de su propia filmación y sus consecuencias en su carrera representan una de las primeras confrontaciones entre la visión artística de la realización cinematográfica y la perspectiva efectista del cine como industria del entretenimiento, dejando claro que existe una delgada y borrosa línea que divide la ambición de la avaricia.

 Avaricia es una adaptación de la novela McTeague (Harper), del periodista y escritor norteamericano Frank Norris, publicada en 1899. Narra la historia de John McTeague, un minero convertido en dentista, radicado en la ciudad de San Francisco durante la fiebre del oro en California, su trágico descenso a la pobreza al ser traicionado por la envidia de su amigo Marcus y la obsesión por el oro de su esposa Trina. En muchos sentidos es una tragedia griega moderna, que muestra el lado más oscuro de las pasiones humanas en una época donde la libre empresa apela a una violencia individualista, es descorazonada y carente de empatía. Stroheim tomaría esta premisa para realizar el quinto filme de su carrera y el primero alejado de los aires europeos y la nostalgia aristócrata que caracterizaron su obra previa, para enfocarse en la complejidad y claroscuros de la sociedad estadounidense del siglo XX.

Erich von Stroheim llegó a la isla Ellis en Nueva York, desde Austria, el 26 de noviembre de 1909, para inmediatamente conseguir un empleo como vendedor itinerante que lo llevó por todo Estados Unidos hasta la ciudad de San Francisco, donde se asentaría brevemente antes de iniciar su paso por los sets de filmación. Ahí viviría en medio de una pobreza similar a la narrada en la novela de Norris; por ello no es de extrañar que tuviera un constante interés en realizar su adaptación e incluso filmar enteramente en locaciones de la ciudad de la bahía. 

La escala épica de Avaricia, se manifiesta no sólo en la longitud de su metraje original, sino también en el tamaño de su producción. Stroheim fue director asistente durante la filmación de Intolerancia, de D. W. Griffith, considerado por muchos quien le dio estructura a la narrativa visual del cine, y de quien Stroheim aprendió, no sólo la proporcionalidad y detalle de sus proyectos, sino también del derroche de recursos en busca de la perfección.

El proyecto cinematográfico Avaricia inició su travesía (o tal vez su calvario) en 1923, en San Francisco, California, bajo la producción de Goldwin Pictures y la onerosa idea de adaptar una novela en su integridad y de principio a fin, con locaciones adicionales en las montañas de Sierra Nevada, las minas de Iowa Hill y la planicie desértica del Valle de la Muerte. Tras 198 días de filmación, el pietaje contenía más de 85 horas de escenas llevadas al extremo de las posibilidades con el pretexto de mayor realismo, por lo que Stroheim se ganaría el mote de ‘El hombre que amas odiar’, sobre todo por su obsesiva manía de repetir tomas y escenas largas hasta el cansancio. 

El resultado de la filmación, un corte de nueve horas de duración, con un montaje basado en la escuela de Einsenstein, donde las imágenes componen una idea narrativa subjetiva consecuente, con diversas historias paralelas a la tragedia de McTeague que servirían como contraste y complemento narrativo, con composiciones vibrantes en las que el oro tiene una presencia protagónica: el propio Stroheim entintaría con dorado algunos elementos de los encuadres de monedas buscando, con su composición, una emoción que poco a poco lo va consumiendo todo, desde la obsesión de Trina por sus monedas, hasta los minutos finales de la película, donde McTeague, indefenso, termina condenado por las consecuencias de su avaricia a la mitad del desierto. 

Con el filme de nueve horas rechazado por el estudio, Stroheim entregó una versión de la mitad del tiempo de la que rechazó

hacer más cortes, pero que, a sus espaldas, el estudio ahora llamado Metro-Golwin-Meyer terminó por reducir a casi dos horas, perdiendo en el olvido mucho del montaje simbólico y escenas clave. 

Erich von Stroheim jamás pudo completar satisfactoriamente proyectos posteriores. La interferencia de los estudios, cada vez mayor, le imponía condiciones que limitaban su control creativo, por lo que se refugió en la actuación hasta sus últimos días. Con el paso de los años, Avaricia acabaría siendo considerada una de las más importantes e influyentes películas de la historia. +

@GilbertoDiazF

Léelo también en nuestro número 122, dedicado a los 7 Insaciables / 7 Pecados Capitales

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