Steve Cutts: La crítica artística al capitalismo

Steve Cutts: La crítica artística al capitalismo
08 de julio de 2020
Enrique G de la G

Si el meme es la crítica humorística popular hoy, la de Steve Cutts (Londres, 1995) es una crítica de corte artístico y humor negro, con toques tomados del expresionismo alemán de los años veinte, de Art Spiegelman y del cómic. Sus ilustraciones, GIFs y videos son saetas envenenadas que se dirigen contra lo mainstream, llámese marcas globales como Coca-Cola, nuestras ansiedades financieras y digitales, la obsolescencia programada de los artículos tecnológicos o Trump (si es que a estas alturas el farsante todavía goza de cierta popularidad este farsante).

Es Cutts uno de los más celebrados ilustradores de nuestros días. Y pocos hay más ácidos que él. Su humor negro –y, a veces, su estética y hasta personajes– no conoce límites, aunque su trabajo se circunscribe a la crítica social y del capitalismo.

¿Quién no vio hace unos dos o tres años Happiness, un video animado de unas ratas que se viralizó –¡ay, paradojas de los críticos millenials!– en las redes sociales? Con reminiscencias de la novela gráfica Maus, de Art Spiegelman, Cutts se vale también de roedores para representar a los oprimidos, ya no por los nazis sino por su contraparte: el capitalismo. Si para Spiegelman los nazis son gatos y los judíos ratones —la dialéctica original era el Ku Klux Klan vs. los afroamericanos—, en el video de Cutts el gato es el sistema, la mano invisible de Dios, como quería Adam Smith.

Una de las críticas que le hicieron a Spiegelmann fue que, al representar a los judíos como animales, los deshumanizaba de nuevo. Parece ser este el recurso del que se sirve Cutts precisamente cuando representa a los godínez del siglo xxi como una infinita colonia de ratas que viven para trabajar… o que trabajan para vivir. Esta es, en efecto, la crítica tradicional que se le hace al modelo capitalista: que absorbe la vida del trabajador y lo aliena, nulificando su tiempo de esparcimiento y tiempo personal.

En otras ilustraciones, la estética de Cutts recuerda a Garbage Pail Kids, una creación también de Spiegelman, en colaboración con Mark Newgarden y John Pound. Este es el caso, por ejemplo, de su crítica al consumismo navideño y a la producción en serie. Y entonces pensamos en los casi cien millones de automóviles que se fabrican cada año, lo que significa que cada segundo salen al mundo más de 1,100 coches. Cada. Segundo. ¿Necesitamos tantos? ¿Necesitamos ese ritmo de gasto, de consumo, de producción, de destrucción del medio ambiente? Hoy, el coronavirus parece mostrarnos que no. Pero antes lo señalaron otros críticos, como Cutts.

Su lata Campbell’s (Dinner is served, de 2015) es el aleph que concentra todo su trabajo. Vida moderna enlatada, condensada y altamente desnutrida. ¿¡Qué!? ¿En serio? Sí, incluso un 45% sobrevalorada por tan solo 10 pinches centavitos, pero sin devoluciones. Sabor BigMac, con una carga al 200% de “No-Mames-Güey”. Valor nutricional: hecha con lágrimas de verdad, contiene un 50% más de sueños destruidos y desilusión para las masas y una decepción definitiva. Y, sí: abajo se te advierte que este producto –la vida moderna, no nos olvidemos– puede provocar asfixia y hasta la muerte, por lo que no es para el consumo general.

No hacía falta ningún coronavirus para enterarnos de que el mundo se está yendo al carajo. Pero su presencia sirvió para probar algunas tesis globales, como el calentamiento planetario y el estado de arrinconamiento en que tenemos a la naturaleza. No solo al vejete con trastornos mentales le vino la pandemia como anillo al dedo, también a Cutts. Pero de todo esto no hay meme que nos salve, solo arte que nos haga pensar y –si eres afín al humor negro– reír. +

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