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Celebra Bloomsday, leyendo ‘Ulises’, la máxima novela del siglo XX

Celebra Bloomsday, leyendo ‘Ulises’, la máxima novela del siglo XX
Domingo 16 de junio de 2019
Javier Munguía

Durante las primeras décadas del siglo XX, la narrativa europea sufrió una gran revolución. Algunos escritores como Franz Kafka, Marcel Proust y Virginia Woolf protagonizaron este periodo al ampliar las posibilidades de la novela contemporánea. Ahora tenían cabida en ella el absurdo como respuesta a una sociedad deshumanizada y colectivista; la reconstrucción minuciosa de una vida, demorándose largamente en las mínimas sensaciones, en los nexos subjetivos entre cientos de recuerdos; la vida interior y su representación caótica.

Sin embargo, si tuviéramos que elegir una sola obra y un solo autor emblemáticos, que representen cabalmente esa ruptura con la narrativa decimonónica, esos serían James Joyce y su novela Ulises (1922). Este libro es quizá la novela más influyente del siglo XX: su resonancia se mantiene hasta nuestros días.

Ulises cuenta un día en la vida de Leopold Bloom, un odiseo cornudo y contemporáneo que recorre su natal Dublín, y con él los lectores, el 16 de junio de 1904. Otro personaje importante es Stephen Dedalus, alter ego de Joyce y protagonista de una novela anterior, Retrato del artista adolescente (1916). Del mismo modo que Bloom es una parodia del Ulises de la Odisea, Dedalus representa a Telémaco, el hijo de Ulises en busca de su padre.

El último capítulo de la novela, uno de los más célebres, es protagonizado por Molly Bloom, mujer de Leopold, quien monologa sobre muy diversos temas, como el esposo, el amante, sus relaciones sexuales y cientos de minucias cotidianas. Este capítulo carece de puntuación y representa el fluir de la conciencia de su narradora, sin cortapisas y a veces sin referentes claros, una representación de la ruta del pensamiento. A esta técnica se le ha llamado “monólogo interior” y es la que más repercusión ha tenido en la literatura posterior, incluso entre los contemporáneos de Joyce. Se habla de que sus antecedentes están en Dostoievski, Freud y Dujardin, entre otros.

El monólogo interior no aparece sólo en el último capítulo de Ulises, sino que recorre toda la obra, aunque de forma más discreta que cuando se apropia de él Molly. Por ejemplo: se describe el avanzar de una calle a otra de Stephen Dedalus por un narrador en tercera persona. De pronto, sin ninguna diferenciación formal, aparece el pensamiento interior de Stephen. Luego continúa el narrador en tercera persona.

Ulises es una miscelánea formal: cada capítulo está escrito con una técnica diferente a los otros. Uno de ellos, por ejemplo, está estructurado con base en preguntas y respuestas. Otro más está escrito como una pieza de teatro y en él ocurren cosas tan extrañas como el cambio de sexo del protagonista, que incluso pare varios hijos en cosa de minutos. Uno más parodia el estilo de distintos escritores ingleses. Otro está narrado desde el punto de vista de un personaje no muy relevante en la historia. Además, cada capítulo corresponde a un episodio de la Odisea y a un órgano del cuerpo humano.

Joyce echa mano de partituras musicales, cabezas de periódico, entre otros recursos inusitados para la novela, y se regodea en elaborar cientos de pastiches y retruécanos. Las referencias del autor son ingentes, y el lector difícilmente puede seguirlas todas.

Ciertamente, es este un libro complicado, pero no a la manera de un rompecabezas que el lector debe esforzarse, con todo su coraje y capacidad intelectual, en armar, sino que las claves de la más conocida novela de Joyce suelen estar fuera de ella misma.

Ulises es una obra excesiva en muchos sentidos. No por nada José María Valverde, uno de los mejores traductores al español de la novela, afirma que esta sería mucho mejor si se le quitaran unas 100 o 150 páginas.

Como ya se mencionó, la influencia de esta novela es muy grande. En ese momento de tantos descubrimientos formales, se entiende que Joyce se haya engolosinado con sus propios hallazgos. Un autor influido por él, William Faulkner, perfeccionaría el monólogo interior, inserto en estructuras dramáticas, con mayor sentido que simples juegos del lenguaje para impresionar o chistecitos sacados de la manga, como los joyceanos.

La publicación del Ulises provocó reacciones escandalizadas. Fue prohibido inmediatamente en Estados Unidos e Inglaterra. Los hipersensibles censores de entonces lo acusaban de inmoral. Ciertamente, el libro es tan crudo que podríamos llamarlo naturalista: los eructos, las flatulencias, las indigestiones aparecen sin pudor en sus páginas.

También provocó envidias. Virginia Woolf, luego de su publicación, dijo de él que cómo iba preferir comerse la carne cruda si podía comerla guisada. Sin embargo, años después anota en su diario íntimo: “Lo que estoy haciendo yo probablemente lo esté haciendo mejor el señor Joyce”.

Esta versión de Ulises, publicada por la excelente editorial Cátedra, cuenta con una extensa introducción que pone la novela en contexto, aclara algunos malentendidos en torno a ella y explica la oscuridad de algunos pasajes. Los traductores han confrontado al menos cinco ediciones del libro en su idioma original y han revisado las versiones disponibles en español. ¿Qué mejor opción que esta para acercarse a una de las ficciones más revolucionarias en la historia de la literatura? +

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