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Entrevista con Ray Loriga

Un hombre se levanta todos los días sabiendo que sus hijos se fueron a la guerra, y en medio de la incertidumbre de saber si volverá a verlos deja escapar cada hora; su jardín descuidado ve nacer mala hierba, pero ese hombre casi desganado sabe que tanto el jardín –o lo que queda– como él mismo conocieron tiempos mejores.

Ese hombre deambula por entre las páginas de Rendición (Alfaguara, 2017), la reciente novela del escritor español Ray Loriga (Madrid, 1967), con la que además fue ganador del Premio Alfaguara de Novela 2017, cuyo jurado estuvo compuesto por Eva Cosculluela, Juan Cruz, Marcos Giralt Torrente, Andrés Neuman, Santiago Rocangliolo, Samanta Schweblin y Pilar Trejo, y fue presidido por Elena Poniatowska: “Éste es un premio muy importante, con mucho prestigio y mucha posibilidad de alcanzar lectores. En principio, la mandas [la novela] y tampoco lo vuelves a pensar mucho; la novela ya la tenía acabada y sabía que se iba a publicar, estaba tranquilo. Cuando te avisan que eres finalista ya te pones un poco más nervioso. Se presentaron seiscientos cincuenta y cinco novelas, pero al final quedan seis o siete finalistas. A las nueve de la mañana recibo una llamada de Elena Poniatowska y me da la noticia: fue una satisfacción íntima y muy grande, también muy tranquila, la novela salió bien, el premio ya cumplió. Muy contento, no tuve una reacción tampoco eufórica, no salté por la casa ni nada de eso”.

Ray Loriga lleva puestas unas gafas negras, mira de manera directa pero también para todos lados; la extraña transparencia opaca que le permite ver sin ser visto produce una sensación de incertidumbre que obliga a prestar atención a sus palabras cuando comienza a hablar de la Ciudad de cristal —o Ciudad transparente—, el hogar prometido en Rendición para los padres huérfanos y llenos de sospechas, a la que son conducidos por supuesta seguridad: “A mí lo que me crea esta pregunta que me haces es otra que me hago yo: hasta qué punto no nos han encarrilado a esta exposición, es decir, no nos han obligado a esto, nos han engatusado bajo una apariencia de libertad, quizá sea la trampa más perfecta; nos han engatusado hasta tal punto que ahora […] el que no pertenece a este sistema de exposición pública parece un marginado, un paria, tiene algo que esconder, está haciendo algo malo por no participar de lo común. No sé hasta qué punto este acto es plenamente voluntario o es un autoengaño de libertad que se ha vendido de una manera precisa […] hasta tal punto que pensamos estar disfrutando de nuestras libertades, pero de alguna manera pertenecemos a una maquinaria brutal de consumo”. Ray Loriga continúa mientras piensa sobre las relaciones sociales e implicaciones por las que lo cuestiono: “No soy un gurú, escribo novelas, pero quería compartir esta extrañeza que a mí me produce, estas preguntas que yo me hago y estas dudas que a mí me generan. Se puede uno preguntar hasta qué punto esto es un artificio o es una trampa muy bien camuflada”.

MasCultura 09-agosto-17

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